El laboratorio no tiene que parecerse a tu vida para explicarla

Al conductismo se le acusa de no servir fuera de un laboratorio de ratas. Una ley que salió de experimentos con palomas sirvió para predecir cómo reparten sus tiros los jugadores de baloncesto.

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Llevas tres días evitando devolver una llamada de dos minutos, y cada vez que la esquivas notas que el pecho se afloja un poco. Es una conducta de evitación de manual: pospones lo incómodo, llega el alivio, y ese alivio hace que la próxima vez también la pospongas. Sin embargo, al conductismo, que estudia esto, se le acusa de que no sirve para nada fuera de un laboratorio de ratas. Para ver si la acusación se sostiene, hay que empezar por lo que significa validez ecológica.

La validez ecológica hace referencia al grado en que los resultados obtenidos bajo determinadas condiciones de investigación pueden ser relevantes para comprender el comportamiento en contextos semejantes a aquellos en los que este ocurre de manera natural.

En otras palabras, plantea hasta qué punto lo observado en una investigación puede contribuir a explicar, predecir o modificar la conducta fuera de las condiciones específicas en las que fue estudiada. La cuestión posterior es determinar hasta qué punto esas relaciones resultan relevantes cuando la conducta se produce en otros contextos.

01El origen del mito: del conductismo inicial al estereotipo del laboratorio

Una de las razones por las que se ha extendido la idea de que el Análisis Experimental del Comportamiento carece de validez ecológica se encuentra en la imagen que tradicionalmente se ha construido del conductismo. El conductismo inicial asociado a Watson defendió una concepción de la psicología orientada al estudio objetivo de la conducta y rechazó la introspección como método científico (Álvarez, 1995). Esta propuesta supuso un cambio metodológico importante para la psicología, al reivindicar la observación y la experimentación como procedimientos científicos.

Sin embargo, esta restricción metodológica contribuyó también a consolidar una determinada imagen del conductismo: la de una psicología interesada exclusivamente por aquello que puede observarse públicamente y estudiarse mediante experimentos controlados.

El problema aparece cuando esta caracterización del conductismo inicial se extiende sin matices al análisis de conducta contemporáneo. Que una investigación controle deliberadamente las condiciones en las que se produce una conducta no implica que sus resultados carezcan de relevancia fuera del laboratorio (Sidman, 1978). Precisamente, el control experimental permite identificar relaciones funcionales entre determinados aspectos del contexto y la conducta. Posteriormente, esas relaciones pueden examinarse en condiciones más complejas y naturales (García, 2013).

Control experimental y validez ecológica son, por tanto, dimensiones diferentes del conocimiento científico, no propiedades necesariamente opuestas.

02Del conductismo metodológico al conductismo radical: conducta observable y acontecimientos privados

Esta cuestión permite comprender una diferencia fundamental entre el conductismo inicial y el conductismo radical desarrollado por B. F. Skinner. El conductismo radical no considera que la experiencia de cada uno deba quedar fuera de la psicología científica por el hecho de que no sea directamente observable por los demás (Skinner, 1975).

Desde el conductismo radical, se considera que los acontecimientos privados también forman parte de aquello que una ciencia de la conducta puede estudiar. La diferencia fundamental está en que su carácter privado no los convierte automáticamente en causas explicativas independientes (Skinner, 1975).

Así, cuando una persona afirma «estoy ansiosa», el análisis conductual puede interesarse tanto por las condiciones en las que aparece esa experiencia como por la conducta verbal mediante la cual la persona la describe. Del mismo modo, puede estudiar cómo determinados acontecimientos privados se relacionan con la conducta pública y con la historia de aprendizaje del individuo (Parga, 2020).

03Del laboratorio al contexto cotidiano: el análisis funcional del comportamiento

El hecho de que el análisis experimental utilice condiciones controladas tampoco implica que sus explicaciones estén confinadas al laboratorio. El análisis de lo que ocurre en la vida cotidiana muchas veces se apoya en lo que antes ha pasado por el laboratorio, y no por ello es menos válido. Por nombrar un ejemplo, en el estudio de Vollmer y Bourret (2000) se trató de predecir el reparto de los tiros en el campo de jugadores de baloncesto, y para ello aplicaron la ley de igualación, cuyo origen se remonta a múltiples experimentos con palomas. Los resultados fueron significativos, con predicciones bastante superiores a lo esperado.

Con el análisis funcional del comportamiento ocurre algo similar, ya que permite trasladar la pregunta experimental a contextos cotidianos. Estas son algunas de las preguntas que se hacen los investigadores en el laboratorio y que debe hacerse el psicólogo en el mundo natural:

  • ¿Qué condiciones preceden a una conducta?
  • ¿Qué consecuencias produce?
  • ¿Qué historia de aprendizaje puede haber contribuido a establecerla?
  • ¿Qué variables hacen que se mantenga?

Para verlo más claro, pongamos un ejemplo. En este caso, con un tipo de conducta más común de lo que creemos: una conducta de evitación. Imaginemos dos personas que apuestan su dinero en juegos de suerte. ¿Qué podría diferenciar al que lo hace un día y no vuelve hasta pasados 6 meses del que vuelve al día siguiente?

La explicación habitual nos dice que el primero es más prudente y el segundo más impulsivo; o también que el primero posee una red neuronal más flexible y el segundo más rígida. Pero ¿es esta explicación suficiente?

Desde el conductismo radical, estas explicaciones merecen más profundidad. Una hipótesis conductual puede ser que el segundo esté tratando de evitar algo, por ejemplo, un sentimiento de vacío. Así, la conducta de apostar dinero en una ruleta no es tan desajustada como parece, ya que le permite escapar con éxito de esa sensación tan desagradable de que nada cobra sentido, al menos a corto plazo.

Será necesario evaluar si las consecuencias de esa conducta merecen la pena tras múltiples apuestas, y así poner en duda si este comportamiento resulta útil para la persona o solo le puede dar mayores problemas. Lo que sí es seguro, al menos desde este análisis, es que no será correcto tratarle de impulsivo, vicioso o rebelde, sino de alguien que ha aprendido de manera muy eficaz a evitar esa sensación de vacío en ese tipo de situaciones.

Respondiendo al ejemplo hipotético con las preguntas de antes:

  • ¿Qué condiciones preceden a una conducta? Una desagradable y aplastante sensación de vacío existencial.
  • ¿Qué consecuencias produce? Alivio temporal de la sensación.
  • ¿Qué historia de aprendizaje puede haber contribuido a establecerla? Haber probado ese juego en un momento en el que el malestar de la crisis se hacía intolerable.
  • ¿Qué variables hacen que se mantenga? Disponibilidad del juego en cualquier lugar, falta de apoyo y baja consciencia de las consecuencias a largo plazo.

La misma lógica puede aplicarse al estudio de la procrastinación, determinadas conductas de escape, los hábitos de estudio, la búsqueda de aprobación o diferentes patrones de interacción social, por mencionar algunas conductas.

«La validez ecológica no exige que el laboratorio se parezca a la vida cotidiana; exige que exista una conexión justificable entre las relaciones estudiadas y el comportamiento que pretendemos comprender fuera de las condiciones experimentales.»

Lorién Bergua
¿Cómo te afecta esto hoy?

La próxima vez que dejes esa llamada para mañana, en lugar de preguntarte por qué eres así, prueba con las preguntas de antes: qué pasó justo antes de posponerla, qué alivio te dio y qué hace que vuelvas a hacerlo. Casi siempre la respuesta está en lo que ganas en ese momento, no en tu carácter.

Ver el estudio original · Vollmer y Bourret (2000), Journal of Applied Behavior Analysis

Bibliografía

  1. Álvarez, M. P. (1995). Fracaso del conductismo watsoniano y éxito del punto de vista conductista. Acta Comportamentalia.
  2. García, A. G. (2013). Aprendizaje complejo. Librería San Bernardo.
  3. Parga, M. X. F. (2020). Análisis funcional de la conducta humana: Concepto, metodología y aplicaciones. Ediciones Pirámide.
  4. Sidman, M. (1978). Tácticas de investigación científica. Fontanella.
  5. Skinner, B. F. (1975). Sobre el conductismo.
  6. Vollmer, T. R., y Bourret, J. (2000). An application of the matching law to evaluate the allocation of two- and three-point shots by college basketball players. Journal of Applied Behavior Analysis, 33(2), 137-150.

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