Norman Triplett revisaba en 1898 los registros de carreras ciclistas y le llamó la atención un patrón: los corredores marcaban mejores tiempos cuando peleaban rueda con rueda que cuando iban solos contra el cronómetro. Quiso ver si esa pequeña ayuda de la compañía se podía reproducir en una tarea que no tuviera nada que ver con una bicicleta.
De los ciclistas a un carrete de pesca
Montó en un armazón de madera dos carretes de pesca conectados por hilo y poleas a unas banderitas que marcaban el avance. Reunió a unos cuarenta niños de entre 8 y 17 años y les pidió enrollar el hilo lo más rápido posible, unas veces solos y otras al lado de otro niño haciendo lo mismo en el carrete gemelo. Sin premio, sin público, sin nada en juego más que ir más deprisa que el de al lado.
Al comparar los tiempos, Triplett clasificó a los niños en tres grupos. Una veintena giró más rápido acompañada. Una decena fue más lenta. El resto no cambió de forma clara, y algunos parecían tan revueltos por la presencia del otro que perdían el ritmo. La dirección dominante le pareció suficiente para hablar de un efecto.
La chispa de la copresencia
Triplett lo atribuyó a lo que llamó "factores dinamogénicos": tener a otra persona haciendo tu misma tarea al lado libera una energía competitiva que en solitario no se activa, incluso en algo tan mecánico como enrollar un sedal. El experimento pasó a los manuales como el primero de la psicología social experimental y como el germen de la idea de facilitación social, que Robert Zajonc afinaría décadas después: la presencia de otros mejora lo que ya dominas y estorba lo que aún no, lo que encajaría con esa minoría de niños que fue a peor.
Buena historia y buena genealogía. El problema es lo que había realmente en los cuadernos de Triplett.
Lo que Triplett encontró de verdad
En 2005, Michael Strube volvió a los datos originales y les aplicó estadística moderna, que en 1898 no existía. La comparación entre el grupo que competía y el que trabajaba solo no era significativa. La comparación de cada niño consigo mismo daba, como mucho, un resultado en el límite, con una mejora media inferior al 2% del tiempo. Su conclusión fue seca: los números de Triplett apenas sostienen la facilitación social de esa tarea.
Unos años más tarde, Wolfgang Stroebe tituló un artículo "La verdad sobre Triplett (1898), pero a nadie parece importarle": los manuales siguen citándolo como demostración limpia de algo que nunca demostró con limpieza. La facilitación social existe, se ha replicado mucho y tiene metaanálisis a favor. El experimento fundacional, en cambio, es más un mito de origen que una prueba.
«La presencia de un segundo competidor produce una energía dinamogénica no disponible en condiciones ordinarias.»
Triplett (1898)
Si practicas algo que ya dominas, entrenar con alguien al lado o compitiendo de tú a tú puede darte un empujón real, aunque el estudio que lo hizo famoso no lo probara bien. Si estás aprendiendo algo nuevo y difícil, esa misma compañía puede ponerte nervioso y hacerte ir a peor. Reserva el público para cuando la tarea te salga sola.