Aprendemos lo que vemos: el muñeco Bobo y el origen de la violencia aprendida

Los niños que vieron a un adulto pegar a un muñeco lo imitaron golpe a golpe. Nadie les había premiado por ello.

Miguel Noguer Escudero27 de abril de 2026
4 min de lecturaSobre Bandura, Ross y Ross (1961)

En 1961, Albert Bandura1 colocó a un grupo de niños de guardería frente a un adulto que golpeaba, pateaba y gritaba insultos a un muñeco hinchable de metro y medio llamado Bobo. Después, los niños fueron llevados a otra sala con juguetes atractivos que les retiraron deliberadamente para frustrarlos, y finalmente se les dejó solos con el muñeco Bobo. Los niños que habían observado al adulto agresivo imitaron sus conductas con una precisión que sorprendió al propio Bandura: los mismos golpes, las mismas posturas, los mismos insultos. Los que no habían visto al modelo agresivo no mostraron ninguna de esas conductas. Con ese experimento, Bandura desmanteló cincuenta años de conductismo.

01El experimento que demostró que no necesitamos refuerzo para aprender

El conductismo clásico2 de Skinner sostenía que la conducta solo se aprende a través del refuerzo directo: haces algo, recibes una recompensa o un castigo, y eso modela tu comportamiento futuro. Bandura sospechaba que eso no era toda la historia. En el experimento del muñeco Bobo, diseñó tres condiciones: un grupo de niños veía al adulto ser recompensado por su agresión, otro lo veía ser castigado, y un tercero no veía ninguna consecuencia. Cuando se les dejó con el muñeco, todos los grupos mostraron las mismas conductas agresivas cuando se les ofreció un incentivo. La diferencia estaba en si las ejecutaban espontáneamente: el grupo que había visto castigo era más inhibido, pero tenía el aprendizaje igualmente adquirido.

Este hallazgo estableció la diferencia fundamental entre aprendizaje y actuación. Los niños habían aprendido la conducta solo con observarla (sin practicarla, sin ser reforzados por ella). El refuerzo no determinaba el aprendizaje; determinaba si lo que ya se había aprendido se expresaba o no. Bandura llamó a esto aprendizaje observacional3 o vicario, y redefinió con ello el alcance de la teoría del aprendizaje.

Lo que vio el niñoLo que hizo soloCon un incentivo
Al adulto premiadoImitaba la agresiónImitaba la agresión
Al adulto castigadoMás inhibidoImitaba la agresión
Sin consecuenciasImitaba la agresiónImitaba la agresión
Tabla 1.Aprender no es lo mismo que hacer: el castigo frenaba la conducta, no el aprendizaje (Bandura, 1965).

La mayor parte del comportamiento humano se aprende por observación, a través del modelado. Al observar a otros, uno se forma una idea de cómo se realizan las conductas nuevas y, en ocasiones posteriores, esa información codificada sirve de guía para la acción.

Albert Bandura, Social Learning Theory, 1977

02El mecanismo: cuatro procesos que convierten la observación en conducta

Bandura identificó cuatro procesos necesarios para que el aprendizaje vicario ocurra. El primero es la atención: observamos mejor a quienes son similares a nosotros, tienen estatus o son atractivos. El segundo es la retención: codificamos lo observado en representaciones mentales que pueden recuperarse después. El tercero es la reproducción: necesitamos las capacidades físicas o cognitivas para ejecutar lo aprendido. El cuarto (y el que distingue el aprendizaje de la actuación) es la motivación: la expectativa de consecuencias determina si ejecutamos o inhibimos lo aprendido.

Atención
Retención
Reproducción
Motivación
Figura 1.Los cuatro pasos del aprendizaje por observación según Bandura.

Las implicaciones del modelo trascendieron la psicología experimental. Si los niños aprenden conductas agresivas por observación (sin necesitar refuerzo directo), los medios de comunicación, los videojuegos, los padres y los grupos de pares son máquinas de aprendizaje vicario constante. Bandura no afirmó que la violencia mediática cause violencia directamente, sino algo más matizado y más preocupante: amplía el repertorio conductual disponible y reduce las inhibiciones ante su uso en contextos que el observador perciba como similares al observado.

Para llevarte

Durante los próximos tres días, presta atención consciente a qué modelos de conducta consumes: qué series ves, qué personas sigues en redes sociales, qué conversaciones escuchas en tu entorno cercano. Bandura demostró que el repertorio conductual disponible en tu mente refleja lo que has observado, aunque nunca lo hayas practicado. Curar tus modelos es una forma de curar tu conducta antes de que esta aparezca.

Escrito porMiguel Noguer Escudero

Psicólogo por la Universidad de Sevilla y fundador de La Inferencia. Cursa el Doble Máster en Psicología General Sanitaria y Neuropsicología.

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Referencias

  1. Bandura, A., Ross, D. y Ross, S. A. (1961). Transmission of aggression through imitation of aggressive models. Journal of Abnormal and Social Psychology, 63(3), 575-582. doi.org/10.1037/h0045925
  2. Bandura, A. (1965). Influence of models' reinforcement contingencies on the acquisition of imitative responses. Journal of Personality and Social Psychology, 1(6), 589-595. doi.org/10.1037/h0022070
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El libro detrás del artículo

Teoría del aprendizaje social

Albert Bandura

El propio Bandura desarrolla aquí los cuatro procesos (atención, retención, reproducción y motivación) que convierten lo observado en conducta propia, la base teórica completa detrás del experimento del muñeco Bobo.

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