Henry Roediger y Jeffrey Karpicke querían separar una duda concreta sobre el efecto de examinarse: si ayuda solo porque es una exposición más al material, como una relectura encubierta, o si el acto de sacar la información de la memoria aporta algo por su cuenta. Para verlo montaron una prueba parecida a la de un aula real, con textos de divulgación y recuerdo libre en lugar de listas de palabras.
Leer cuatro veces, leer y examinarse, o examinarse tres veces
Ciento ochenta estudiantes de Washington University en San Luis leyeron textos breves de divulgación científica en una de tres condiciones: leerlo cuatro veces seguidas, leerlo tres veces y examinarse una, o leerlo una sola vez y examinarse tres. Los exámenes consistían en escribir de memoria todo lo posible, sin corrección ni respuestas de vuelta. Después, unos hicieron la prueba final a los cinco minutos y otros una semana más tarde.
A los cinco minutos ganaba la relectura. Quienes habían leído cuatro veces recordaban el 83% del texto, frente al 78% de quienes leyeron tres y se examinaron una, y el 71% de quienes solo leyeron una vez y se examinaron tres. Una semana después el orden se dio la vuelta entero. El grupo que más se había examinado retenía el 61%, el intermedio el 56% y el que solo había releído se había desplomado al 40%.
Por qué recuperar fija más que releer
Intentar recordar algo con esfuerzo y sin el texto delante refuerza la huella de memoria de un modo que la relectura no consigue, aunque la relectura rinda más en el momento porque el material está fresco. Examinarse hace más que comprobar lo aprendido: es en sí mismo un episodio de aprendizaje, y más potente que volver a pasar los ojos por la página.
El dato más incómodo salió de un cuestionario posterior. Los que solo habían releído estaban más convencidos de que recordarían bien el texto a la semana que los que se habían examinado varias veces. Ocurrió justo al revés. La fluidez de releer genera una sensación de dominio que no se corresponde con lo que queda luego.
Hasta dónde llega y dónde se resiste
El efecto de examinarse es de los más sólidos de la ciencia del aprendizaje. Un metaanálisis de 2017 sobre más de un centenar de comparaciones lo situó por encima de reestudiar, con un tamaño del efecto en torno a 0,6. Aparece en textos, en vídeo, en vocabulario y en material de clase.
Los límites están en otro sitio. La ventaja de recuperar crece cuanto más separada está la prueba del estudio, y a los pocos minutos, como en este experimento, la relectura todavía puede ganar. Si al examinarte fallas mucho y nadie te da luego la respuesta correcta, el beneficio se reduce, porque consolidas huecos. La práctica de recuperación rinde más cuando el intento tiene una tasa de acierto decente o va seguido de feedback. Y funciona mejor con recuerdo de hechos e ideas que con la comprensión de material muy complejo, donde las diferencias se estrechan.
«En las pruebas demoradas, haberse examinado antes produjo bastante más retención que haber vuelto a estudiar durante el mismo tiempo.»
Roediger y Karpicke (2006)
Antes de un examen, en vez de releer los apuntes una vez más, cierra el material e intenta escribir de memoria todo lo que recuerdes, aunque nadie vaya a corregirlo. Luego comprueba qué faltó y vuelve sobre esos puntos. Esa recuperación con repaso posterior retiene más a largo plazo que cualquier número de relecturas, aunque en el momento se sienta menos fluida.