Hay una idea muy extendida sobre el debate: que hablar las cosas lima las posturas y acerca a la gente a un punto medio sensato. David Myers y George Bishop la pusieron a prueba en 1970 con estudiantes de instituto. Midieron sus actitudes raciales, los ordenaron por prejuicio alto, medio o bajo, y montaron grupos en los que cada uno discutía solo con otros que pensaban parecido.
Hablar solo con los que ya piensan como tú
Cada estudiante respondía primero, a solas, a una serie de afirmaciones sobre raza. Luego el grupo, formado solo con gente de actitud similar, discutía esas mismas frases un rato. Al acabar, cada uno volvía a responder por su cuenta. Un grupo de control hacía lo mismo pero discutiendo temas sin relación con el asunto.
La discusión entre parecidos separó los extremos en vez de juntarlos. Los estudiantes de prejuicio alto salieron con actitudes más duras que al entrar. Los de prejuicio bajo salieron más igualitarios que al entrar. El grupo de control, que había hablado de otra cosa, no se movió. Hablar del tema con los tuyos no te llevó al centro: te empujó un poco más lejos en la dirección que ya traías.
Por qué el grupo homogéneo empuja hacia fuera
Este es uno de los primeros retratos experimentales de lo que hoy se llama polarización de grupo. Cuando gente que se inclina hacia el mismo lado lo discute entre sí, la inclinación de partida se refuerza. Hay dos motores conocidos. Uno son los argumentos: en un grupo homogéneo casi solo oyes razones nuevas para el lado al que ya tirabas, y eso es munición que antes no tenías. El otro es la comparación: te miras en los demás del grupo y ajustas tu postura para no parecer el menos comprometido, a veces pasándote de frenada.
La lectura para foros, comunidades filtradas por afinidad y grupos de mensajería homogéneos es directa. Esa conversación no hace de contrapeso. Hace de amplificador de lo que el grupo ya pensaba antes de abrir la boca.
Lo que el estudio sí sostiene y lo que no
El experimento en sí es viejo, pequeño, con estudiantes de instituto y una medida de actitud racial tosca para el estándar de hoy. Pero el fenómeno que retrata es de los más replicados de la psicología social. Un metaanálisis de 1986 con más de doscientos estudios confirmó que la discusión entre personas de inclinación similar desplaza al grupo hacia el extremo de esa inclinación, en asuntos que van del riesgo financiero a los juicios morales.
Lo que no está tan claro es el salto a "las redes sociales han vuelto a todo el mundo extremo". Ahí la evidencia es más enredada. Los estudios de dietas informativas reales encuentran que la mayoría de la gente consume fuentes más variadas de lo que dice el tópico de la burbuja. Y forzar la exposición al otro bando no siempre modera: en un experimento de campo en Twitter de 2018, seguir cuentas del lado contrario endureció a los participantes republicanos en lugar de ablandarlos. El grupo homogéneo polariza, pero romperlo a la fuerza tampoco es la cura automática.
«La discusión de los enunciados sobre actitudes raciales entre personas de actitud similar aumentó la distancia entre los grupos.»
Myers & Bishop (1970)
Si notas que tu postura sobre algo se ha endurecido con los meses, mira con quién sueles hablar de ese tema. Si es casi siempre con gente que ya piensa como tú, parte del cambio no viene de evidencia nueva, viene de repetir la conversación en circuito cerrado. Buscar el argumento contrario mejor hecho, no el peor, es más útil que buscar a alguien del otro bando para discutir.