Lauren Sherman y su equipo, en la Universidad de California en Los Ángeles, construyeron un Instagram falso para meterlo dentro de un escáner de resonancia. Querían medir con actividad cerebral, y no solo con lo que dijeran los adolescentes, qué le hace a esa edad el número de likes que acompaña a una foto.
La misma imagen, distinto contador
Metieron a 32 adolescentes de 13 a 18 años en el escáner y les enseñaron 148 fotos. Unas eran neutras, otras tenían contenido de riesgo (alcohol, tabaco, marihuana, ropa provocativa) y 40 eran suyas, entregadas días antes. Cada foto llevaba un número de likes que los investigadores habían falseado: alto o bajo, sin que los participantes lo supieran. Podían dar like a cada una o no.
La conducta fue nítida. Daban like mucho más a menudo a las fotos que ya tenían muchos likes que a esas mismas fotos con el contador bajo, y lo hacían igual con las de riesgo. Ver una foto popular encendía regiones de recompensa del cerebro, el núcleo accumbens y su vecindario, más que ver la misma foto poco valorada. Con las propias fotos, la respuesta era la más fuerte de todas.
El número reescribe lo que parece aceptable
Que a un adolescente le guste la aprobación no es noticia. Lo que añade el estudio es que el contador cambiaba el juicio sobre el contenido. Ante las fotos de riesgo, y comparadas con las neutras, las regiones de control cognitivo, las que frenan un impulso, mostraban menos actividad. La imagen arriesgada se procesaba con menos alarma cuando el entorno de likes la rodeaba de normalidad.
Sherman lo encuadra como una versión medida de la presión de grupo. Antes, la aprobación de los iguales era difusa y había que adivinarla. Las redes la convierten en una cifra visible que se actualiza sola, y esa cifra parece capaz de mover un poco el criterio propio sobre qué está bien y qué no.
Qué pasó cuando lo repitieron
En 2018, el mismo grupo repitió el experimento con 61 personas de 13 a 21 años, adolescentes y universitarios. El efecto del contador sobre la conducta y sobre el núcleo accumbens volvió a salir. Pero apareció un matiz de edad. La respuesta de recompensa crecía con los años en los de instituto y no en los universitarios, y la caída del control cognitivo ante el contenido de riesgo se veía en los de instituto, no en los mayores. El pico está en el instituto y se atenúa al llegar a la universidad.
Lo que no demuestra
Conviene no estirar el resultado. La muestra original eran 32 personas, el Instagram era de mentira y los likes, inventados por el equipo. Decir que los likes "activan el mismo circuito que la cocaína o la comida" es un atajo tramposo, porque casi cualquier cosa gratificante mueve el núcleo accumbens, y de que una zona se ilumine no se deduce sin más qué está sintiendo la persona. Lo que el estudio sí muestra, y la réplica confirma, es que un número al pie de una foto pesa en la decisión de un adolescente, y a veces tanto como lo que la foto enseña.
«Para los adolescentes, especialmente sensibles a la opinión de sus iguales, esa aprobación social convertida en cifra puede funcionar como un motivador potente.»
Sherman et al. (2016)
Si crías o educas a un adolescente, hablar solo del contenido que sube ("esa foto no es apropiada") se deja fuera la mitad. La métrica que acompaña a cada publicación, los likes, le pesa en la cabeza tanto o más que la foto. Preguntarle qué fotos suyas "funcionan" y por qué cree que es abre una conversación más útil que revisarle el carrete.