Jasmine Fardouly quería una comparación limpia. ¿Le hace Facebook algo distinto al ánimo y a la imagen del propio cuerpo de lo que ya hace hojear una revista de moda? Reunió a 112 mujeres jóvenes y las repartió al azar en tres grupos: diez minutos en su propio Facebook, diez minutos en la web de una revista de moda, o diez minutos en una web neutra sin nada que tuviera que ver con el aspecto físico. El estudio original es sobre Facebook, aunque el patrón que describe se ha visto luego también en Instagram.
El mismo reloj, tres pantallas
Al terminar, todas respondieron a escalas de estado de ánimo, insatisfacción con el cuerpo y desajuste percibido en rasgos concretos: el peso, la cara, el pelo, la piel. Las que venían de Facebook salieron con peor humor que las de la web neutra. Con la revista de moda esa diferencia no quedó tan clara.
Sobre la insatisfacción corporal en general no hubo efecto. Quienes venían de Facebook no se puntuaban peor que quienes venían de la web de control. El daño apareció en un sitio más fino. Entre las mujeres con tendencia alta a compararse por el aspecto, pasar por Facebook dejó más desajuste percibido en la cara, el pelo y la piel que pasar por la web neutra. En las que no suelen compararse, nada.
Por qué una conocida pesa más que una modelo
Un segundo trabajo del mismo grupo, este con 227 universitarias y de tipo correlacional, fue a buscar con quién se comparan exactamente las mujeres en Facebook. La respuesta fue: con sus iguales. Las comparaciones con amigas y con conocidas lejanas explicaban la relación entre usar Facebook y preocuparse más por el cuerpo. Las comparaciones con familiares, con famosas o con una misma en el pasado, no.
Tiene una lógica incómoda. Una modelo profesional entra en una categoría aparte, fácil de descartar como vara de medir poco realista. Una compañera de clase o una prima comparten contexto contigo, así que funcionan como estándar alcanzable y por eso relevante. La cercanía, lejos de proteger de la comparación, la vuelve más intensa.
La foto ya venía retocada
Ese estándar aparente llega, además, filtrado. La conocida con la que te mides ha elegido esa foto entre veinte, la ha recortado y a veces la ha retocado antes de subirla. La comparación real es contra la versión que ha decidido enseñar de sí misma, no contra su día a día. Sales perdiendo por diseño: tu cara sin preparar frente al mejor plano de otra persona que, encima, se te parece.
Lo que el estudio no demuestra
El experimento midió diez minutos y un efecto sobre el humor inmediato. No siguió a nadie durante meses ni prueba que Facebook cause un trastorno de la imagen corporal. El golpe al rostro percibido apareció solo en un subgrupo, el de quienes ya se comparan mucho, y las muestras eran de mujeres jóvenes occidentales, casi todas universitarias. Llevarlo a hombres, a otras edades o a otras plataformas es una apuesta, no un dato.
Lo que sí ha resistido en la investigación posterior sobre Instagram es la dirección: el contenido de conocidos, y no el de celebridades, es el que se asocia a peor imagen corporal. El mecanismo aguanta. Su tamaño depende mucho de a quién sigues y de cuánto tiendas a mirarte en los demás.
«Las mujeres que pasaron diez minutos en Facebook salieron con peor estado de ánimo que las que estuvieron en una web neutra, y las más propensas a compararse percibieron más defectos en su cara, su pelo y su piel.»
Fardouly et al. (2015)
Si una red te deja peor con tu propio aspecto, mira quién te lo provoca. Si son sobre todo cuentas de gente que conoces en persona, dejar de seguir a famosos apenas cambia nada. La palanca está en ajustar la exposición al contenido de conocidas y compañeras, que es con quien de verdad te comparas. Y en recordar, cada vez que una foto te hunda un poco, que la subió alguien que la eligió entre muchas.