El burnout académico no es cansancio a secas. Tiene tres versiones: el agotamiento que hace que abrir el apunte cueste el doble, el «esto no sirve para nada» que te desconecta de lo que estudias, y la sensación de que no vas a poder, que convierte cada examen en otra prueba de que no das la talla. Andrea Gras Lozano buscó qué predice cuál de las tres te toca. Le salió que pesa más cómo estudias que las horas que le echas.
Los 53 estudiantes de Gras Lozano
Gras Lozano, graduada en Psicología por la Universidad Miguel Hernández, reunió a 53 estudiantes de varias carreras, de unos 22 años de media. A cada uno le midió tres cosas con cuestionarios estándar: el nivel de burnout en sus tres versiones, la forma de estudiar y lo que hace para llevar el estrés.
La distinción de la que parte todo es sencilla. Hay quien estudia para enterarse de verdad, relacionando ideas, discutiendo con el material, buscándole el sentido. Y hay quien estudia para pasar el trámite, memoriza sin masticar, lo suelta en el examen y a otra cosa. Misma asignatura, mismas horas, dos relaciones muy distintas con lo que se aprende.
Estudiar para entender o estudiar para aprobar
Los que estudiaban para entender se sentían mucho más capaces de con la carrera. Los que iban en modo supervivencia, no. Ese modo venía acompañado de cinismo y de agotamiento.
Las estrategias para encajar los golpes añadían otra capa. Echarse la culpa cada vez que algo sale mal fue lo que más tiraba del agotamiento, porque quien interioriza cada fallo se vacía antes. Al revés, planificar y ponerse manos a la obra en lugar de darle vueltas iban con más sensación de poder con todo. El agotamiento se notaba encima en el expediente, con más agotamiento peores notas. Y hasta la relación con la forma de dar clase contaba: los más cargados de cinismo eran también los que peor llevaban cómo se les enseñaba.
«El agotamiento no viene de estudiar mucho. Viene de estudiar sin entender, culparse cuando algo falla, y desconectarse de lo que se está aprendiendo.»
Andrea Gras Lozano, Universidad Miguel Hernández (2025)
La próxima vez que te sientes a estudiar, antes de abrir nada pregúntate qué vas a hacer ahí, si enterarte o aprobar y ya. La respuesta no te cambia las horas, pero cambia casi todo lo demás: lo que recuerdas dentro de un mes, cómo acabas cada tarde y si en tres meses sigues en pie.