El gaslighting es hacer que otra persona dude de lo que ella misma ha visto y sentido, a base de quitarle importancia a todo y de tratar su malestar como un exceso. No hace falta un grito ni un empujón. Basta el «te lo estás inventando», la reunión en la que nadie recuerda lo que tú sí recuerdas, la sensación de fondo de que el raro eres tú. Un estudio de 2026 lo ha medido por primera vez en grupos de trabajo de la universidad, y lo que más pesa no es quién lo hace, es el grupo donde ocurre.
Cómo se mide algo que no deja marca
Daria Korneyko, graduada en Psicología por la Universidad Miguel Hernández, reunió a 89 estudiantes y les preguntó por su experiencia en trabajos de grupo. No en abstracto, con un «¿te han hecho gaslighting?», sino por situaciones concretas. Si sus aportaciones se habían ignorado o minimizado. Si su malestar se había tratado como una exageración. Si habían acabado dudando de su propio criterio después de hablar con compañeros.
Con esas respuestas midió el gaslighting en sus dos caras, quitar importancia y hacer sentir mal, y lo cruzó con cuatro rasgos del grupo: cuánta unión había, la autoestima de cada uno, la actitud hacia el trabajo en equipo y la confianza en las propias capacidades.
La unión del grupo protege más que la persona
El resultado que más destaca es este. Cuanta más unión real había en el equipo, menos gaslighting aparecía, en sus dos caras. Y no era un efecto pequeño, fue el rasgo que mejor lo predecía de todos.
Esa unión se construía desde un sitio poco glamuroso, la amistad. Los equipos con vínculos personales de verdad estaban más unidos, y esa unión era la que frenaba el gaslighting. A nivel individual, la autoestima hacía de escudo directo. Quien llegaba con buena autoestima dudaba mucho menos de sí mismo cuando alguien le quitaba importancia a lo que decía o sentía.
La conclusión incómoda es que el gaslighting en la universidad no es solo un asunto entre dos. Es un síntoma de la cultura que ha montado el grupo. Un equipo roto, sin vínculos reales, deja mucho más sitio para que el abuso callado se instale.
«El gaslighting se asienta en entornos donde la cohesión grupal es débil y la autoestima individual, frágil. La intervención más eficaz no es individual, es estructural.»
Daria Korneyko, Universidad Miguel Hernández (2026)
Si en un grupo notas que tus ideas se ignoran una y otra vez, que se pone en duda lo que recuerdas o que tus reacciones siempre parecen desmedidas, en vez de preguntarte «¿estaré exagerando?» pregúntate cuánta unión real tiene ese grupo. Si es poca, no lo explica todo, pero explica más de lo que parece.