Soñar despierto es de lo más normal. Pasamos casi la mitad del día pensando en cosas que no están pasando. Pero hay una versión de esto que se le parece poco: gente que se mete en historias de fantasía muy elaboradas durante horas, que las prefiere al trato con personas reales y que siente que no puede parar aunque quiera. En 2025, una psicóloga española adaptó por primera vez a nuestro idioma la escala que sirve para detectarlo.
Una escala que no existía en español
Wiktoria Zuzanna Jaroszewicz, graduada en Psicología por la Universidad Miguel Hernández, reunió a 100 personas de entre 18 y 66 años para adaptar y probar en castellano la Maladaptive Daydreaming Scale, un cuestionario de 16 preguntas. De esas 100, 34 se reconocían ya como soñadoras excesivas, personas que admiten que fantasear les está comiendo terreno en la vida real.
La escala mira tres cosas. Una, cuánto interrumpen las ensoñaciones el trabajo, los estudios o los planes del día. Dos, el mal cuerpo que aparece cuando la persona no puede fantasear, parecido a un mono de abstinencia. Y tres, hasta qué punto se sumerge en la historia imaginada, muchas veces con música de fondo y movimientos del cuerpo que se le escapan.
Dónde soñar deja de ser inofensivo
El análisis marcó una línea. Por encima de cierta puntuación, la escala distingue bien a un soñador excesivo de alguien que solo fantasea de vez en cuando. Y no es un número puesto a dedo: quienes quedaban por encima puntuaban casi el doble que el resto en el total de la escala.
Lo que separa a estos soñadores del resto no es solo el rato que pasan en sus fantasías. Jaroszewicz encontró que además tenían más episodios de sentirse fuera de su propio cuerpo, más rasgos de TDAH y más ansiedad y bajón de ánimo. Tiene lógica: la ensoñación excesiva sirve para escapar del malestar de verdad, y como toda vía de escape, a la larga lo alimenta. La música hace de mecha y de altavoz, enciende el circuito de recompensa que mantiene el hábito mientras la historia imaginada da el alivio inmediato que cierra el círculo.
«La ensoñación excesiva tiene un mecanismo de recompensa que la sostiene a largo plazo: genera placer y gratificación, y sirve como vía de escape ante las dificultades reales. Eso la convierte, por definición, en una conducta adictiva.»
Wiktoria Zuzanna Jaroszewicz, Universidad Miguel Hernández (2025)
Si cuando intentas concentrarte tu mente se va sola a una historia que llevas meses montando, y cortarla te deja irritado o de mal cuerpo de verdad, puede merecer la pena mirar cuánto espacio ocupa eso en tu día. Fantasear de vez en cuando no tiene nada de malo. El problema empieza cuando esa historia compite con tu vida real y va ganando.