La misma foto de una mujer sobre fondo rojo o sobre fondo blanco. Andrew Elliot y Daniela Niesta1 publicaron en 2008 que los hombres puntuaban la versión roja como más atractiva, y que el efecto no aparecía con azul, verde o gris. La idea saltó a los medios, a los manuales de citas y a los artículos de moda. Cuando otros equipos la volvieron a montar con más gente y las reglas fijadas por adelantado, casi no quedó nada.
01El experimento del rojo
Elliot y Niesta, en la Universidad de Rochester, hicieron cinco experimentos con estudiantes varones estadounidenses. Enseñaban la fotografía de una mujer a la que solo cambiaban un detalle: el color del fondo o de la camiseta, rojo frente a blanco, gris, verde o azul. Después pedían valorar en una escala de nueve puntos cuánto atractiva y cuánto deseable les parecía.
Con rojo, la media subía alrededor de un punto respecto a los otros colores. El efecto se limitaba al atractivo. El rojo no movía las valoraciones de simpatía, inteligencia ni sinceridad de la misma mujer. Tampoco aparecía cuando quienes puntuaban eran mujeres. Y preguntados después, ninguno de los hombres decía haberse fijado en el color ni creía que le hubiera influido.
La lectura cultural cara al rojo (el vestido de la seductora, los barrios de alterne, san Valentín) existía, pero Elliot y Niesta querían algo más profundo, así que en trabajos posteriores el grupo llevó el diseño a otros países para ver si el patrón se sostenía fuera de Estados Unidos. Los resultados de esas extensiones fueron desiguales desde el principio.
02La explicación evolutiva
La hipótesis de Elliot mira a nuestros parientes primates. En muchas especies, la piel se enrojece en la fase fértil, en la cara, el pecho o la zona genital, y funciona como señal de receptividad. Si esa asociación entre rojo y sexo viene de serie en el sistema visual, actuaría de forma automática, antes de que la persona tenga tiempo de pensar nada.
De ahí que el detalle de que los participantes no notaran el color encajara tan bien con la teoría. La inferencia, decían los autores, ocurre por debajo del umbral de la introspección. El rojo en el deporte se ha explicado por una vía parecida pero en clave de dominancia: Russell Hill y Robert Barton documentaron en Nature en 2005 que en los Juegos de Atenas 2004, en boxeo, taekwondo y lucha, quien vestía de rojo ganó alrededor del 55% de los combates, con más ventaja en los que estaban igualados.
En ambos casos hubo poco o ningún efecto del rojo sobre el atractivo percibido.
Lehmann & Calin-Jageman (2017)
03Y luego las réplicas
En 2016, Leonard Peperkoorn, Craig Roberts y Thomas Pollet montaron tres estudios con 830 hombres en total para repetir el efecto del color de la ropa sobre el atractivo femenino. No encontraron nada. El color de la camiseta no movió las puntuaciones.
En 2017, un equipo dirigido por Gabrielle Lehmann, con Robert Calin-Jageman, hizo dos réplicas registradas de antemano, una presencial y otra online, con los materiales originales y filtros para descartar a los daltónicos. Para hombres valorando a mujeres, el efecto fue de un tamaño diminuto y no significativo. Para mujeres valorando a hombres, apuntaba levemente en dirección contraria. Un año después, un metaanálisis firmado por Lehmann, el propio Elliot y Calin-Jageman reunió toda la literatura y concluyó que el efecto medio es pequeño y que hay indicios de sesgo de publicación2, es decir, que los estudios con resultado llamativo tenían más probabilidad de haberse publicado.
| Año | Estudio | Efecto del rojo en el atractivo |
|---|---|---|
| 2008 | Elliot y Niesta, 5 experimentos | Un punto más sobre 9 |
| 2016 | Peperkoorn, Roberts y Pollet, 830 hombres | Ninguno |
| 2017 | Lehmann y Calin-Jageman, réplicas registradas | Diminuto, no significativo |
| 2018 | Metaanálisis de Lehmann, Elliot y Calin-Jageman | Pequeño, con señales de sesgo de publicación |
La ventaja del rojo en los deportes de combate también se ha discutido, porque parte de ella se diluyó al cambiar reglas de arbitraje y al mirar más ediciones. Un metaanálisis de 2024 deja un efecto real pero pequeño. En conjunto, lo prudente hoy es tratar el «poder del rojo» como un fenómeno que, si existe, es mucho más débil y más caprichoso de lo que sugería el artículo de 2008.
El color de tu camiseta es una palanca floja. No cuentes con que el rojo haga trabajo romántico por ti en una cita, porque los estudios grandes no lo encuentran. Lo que sí sostiene la evidencia sobre vestimenta tiene que ver con el contraste, el cuidado y lo apropiado que resulta la prenda para la ocasión, no con el tono exacto que elijas.

Psicólogo por la Universidad de Sevilla y fundador de La Inferencia. Cursa el Doble Máster en Psicología General Sanitaria y Neuropsicología.
Ver sus artículosReferencias
- Elliot y Niesta (2008), Journal of Personality and Social Psychology doi.org/10.1037/0022-3514.95.5.1150
- Peperkoorn, L. S., Roberts, S. C. y Pollet, T. V. (2016). Revisiting the Red Effect on Attractiveness and Sexual Receptivity. Evolutionary Psychology, 14(4). doi.org/10.1177/1474704916673841
- Lehmann, G. K. y Calin-Jageman, R. J. (2017). Is Red Really Romantic? Two Preregistered Replications of the Red-Romance Hypothesis. Social Psychology, 48(3), 174-183. doi.org/10.1027/1864-9335/a000296
- Lehmann, G. K., Elliot, A. J. y Calin-Jageman, R. J. (2018). Meta-Analysis of the Effect of Red on Perceived Attractiveness. Evolutionary Psychology, 16(4). doi.org/10.1177/1474704918802412