Le dices a alguien que la pelota de golf que tiene en la mano ha dado suerte hasta ahora. Mete el 65% de los putts cortos. A otra persona le das la misma pelota sin ese comentario y mete el 48%. Ese salto, diecisiete puntos por creer en un amuleto, viene de un estudio alemán de 2010 que dio la vuelta al mundo. Lo que casi nunca se cuenta es qué pasó cuando otros investigadores intentaron repetirlo.
01La pelota que "daba suerte"
Lysann Damisch, Barbara Stoberock y Thomas Mussweiler1, de la Universidad de Colonia, publicaron cuatro experimentos en Psychological Science. En el primero, 28 estudiantes tenían que meter una pelota en un hoyo desde un metro, diez intentos. A la mitad les entregaban la pelota diciendo "hasta ahora ha resultado ser una pelota de la suerte". A la otra mitad, "es la pelota que ha usado todo el mundo". El grupo de la pelota con suerte metió 6,4 de 10. El grupo de control, 4,8.
Los otros experimentos cambiaban la tarea. En uno, una frase de ánimo con carga supersticiosa ("cruzo los dedos por ti") antes de una prueba de destreza manual. En los dos últimos, los participantes traían de casa su propio amuleto y a la mitad se lo retiraban con la excusa de hacerle una foto. Con el amuleto delante, la gente rendía más en tareas de memoria y de anagramas, se marcaba metas más altas y aguantaba más tiempo antes de rendirse. Los autores medían la autoeficacia2, el concepto de Bandura para la confianza en la propia capacidad de ejecutar algo, y salía más alta en el grupo con amuleto. Esa confianza explicaba estadísticamente la diferencia de rendimiento.
02Qué se supone que ocurre por dentro
La hipótesis de los autores no tiene nada de mágico. Activar la superstición sube la sensación de control sobre lo que va a pasar. Con más control percibido, la persona se pone objetivos más ambiciosos y persiste más ante la dificultad, y eso, sumado, produce un resultado mejor. En un gesto ya automatizado encaja además con el reverso del bloqueo por presión: menos miedo al fallo, menos vigilancia consciente sobre un movimiento que funciona mejor cuando lo dejas solo.
La idea se difundió muy deprisa, en parte porque contentaba a todo el mundo. Daba una explicación respetable, la autoeficacia, a algo que los deportistas llevaban toda la vida haciendo. Notas de prensa, charlas, manuales de psicología del deporte. Cuando un resultado encaja tan bien con lo que ya queríamos creer, conviene mirarlo dos veces.
Las supersticiones ligadas a la buena suerte pueden mejorar el rendimiento reforzando la creencia de la persona en sus propias capacidades.
Damisch, Stoberock y Mussweiler (2010)
03Y luego llegó la réplica
En 2014, Robert Calin-Jageman y Tracy Caldwell repitieron el experimento del putt para un número especial de réplicas preregistradas de la revista Social Psychology. Usaron más del triple de golfistas y publicaron el diseño entero antes de recoger un solo dato. El grupo de la "pelota de la suerte" metió casi exactamente lo mismo que el de control. Comprobaron que no era por falta de potencia estadística, ni porque su tarea fuese más fácil o más difícil, ni porque sus participantes creyeran menos en la suerte. El efecto, sencillamente, no apareció.
| Estudio | Muestra | ¿Efecto de la pelota? |
|---|---|---|
| Damisch y otros (2010) | 28 estudiantes | Sí: 17 puntos más |
| Calin-Jageman y Caldwell (2014), preregistrado | Más del triple de golfistas | No |
Un reanálisis del conjunto original, hecho por investigadores dedicados a detectar sesgos de publicación3, añadió otra sombra: los cinco resultados de Damisch encajaban entre sí demasiado bien para venir de muestras tan pequeñas, un patrón que suele indicar que algo se quedó en el cajón. Hoy el efecto de la pelota de la suerte está en el grupo de hallazgos vistosos que no han aguantado el examen. Lo que sí sobrevive, con menos brillo, es que llegar a un momento de presión con una rutina estable y siempre igual ayuda a ejecutar mejor, y eso se apoya en la literatura de rutinas previas al rendimiento, no en el amuleto. <!-- verificar: literatura de pre-performance routines (Cotterill; Lonsdale & Tam) -->
Si te tranquiliza un amuleto, llevarlo encima no te va a quitar puntería, pero tampoco cuentes con que te la mejore: ese efecto no ha resistido las réplicas serias. Lo que sí tiene respaldo es entrar a los momentos de presión con una rutina corta y siempre idéntica. Antes de un penalti, una intervención en público o un examen, decide de antemano los tres o cuatro gestos previos, respirar, colocarte, una frase, y hazlos siempre en el mismo orden. El ancla es la repetición, no el objeto.

Psicólogo por la Universidad de Sevilla y fundador de La Inferencia. Cursa el Doble Máster en Psicología General Sanitaria y Neuropsicología.
Ver sus artículosReferencias
- Damisch et al. (2010), Psychological Science doi.org/10.1177/0956797610372631
- Calin-Jageman, R. J. y Caldwell, T. L. (2014). Replication of the Superstition and Performance Study by Damisch, Stoberock, and Mussweiler (2010). Social Psychology, 45(3), 239-245. doi.org/10.1027/1864-9335/a000190
