El escalofrío físico ante una obra de arte (o ante el momento cumbre de una pieza musical) tiene un nombre técnico: frisson. Y en 2011, Valorie Salimpoor demostró mediante PET y fMRI que ese escalofrío coincide con la liberación de dopamina en el núcleo accumbens: el mismo circuito activado por la cocaína, el sexo o la comida.
El experimento de Salimpoor
McGill University, 2011. Ocho participantes que reportaban experimentar escalofríos físicos de forma consistente con determinadas piezas musicales fueron sometidos a escáneres de PET y fMRI de forma simultánea mientras escuchaban sus selecciones personales. La combinación de ambas técnicas permitió medir tanto la liberación real de dopamina como el flujo sanguíneo cerebral con resolución temporal alta.
Durante los momentos de máxima intensidad emocional (los picos que producían el escalofrío) se registró un aumento del 6 al 9% en la liberación de dopamina en el núcleo accumbens y en el caudado. Pero el hallazgo más sorprendente fue que la dopamina se liberaba en dos fases: primero en el caudado, durante la anticipación de los 15 segundos previos al clímax musical; después en el núcleo accumbens, durante el clímax mismo. El cerebro no solo recompensa la experiencia: recompensa también la predicción correcta de que algo intenso está por llegar.
El mecanismo psicológico
La música explota el sistema de predicción-recompensa del cerebro de una forma que ningún otro estímulo hace con la misma eficacia. El cerebro construye expectativas sobre qué nota, qué ritmo o qué cambio armónico viene a continuación. Cuando esa expectativa se cumple de una forma inesperadamente satisfactoria (o cuando se viola de una manera que retroactivamente tiene sentido) el sistema dopaminérgico se dispara.
Lo que distingue al frisson de otras respuestas de recompensa es su naturaleza abstracta. La dopamina ante la comida o el sexo responde a la satisfacción de una necesidad biológica. La dopamina ante la música o el arte responde a la resolución de un patrón puramente cognitivo. Salimpoor argumenta que esto convierte la experiencia estética en una forma de cognición de alto orden: el cerebro se recompensa a sí mismo por procesar con éxito estructuras complejas. No consume el mundo; lo comprende.
«El cerebro trata la belleza extrema como una recompensa de supervivencia. El arte que produce escalofríos está explotando la misma maquinaria que nos mantuvo vivos como especie.»
Valorie Salimpoor
La próxima vez que una obra, pieza musical o imagen te provoque una reacción física, presta atención al momento exacto en que ocurre. Ese instante revela algo sobre los patrones de expectativa y resolución que tu cerebro ha construido a lo largo de tu vida.
Si quieres profundizar en esto
Levitin explica, desde la neurociencia, por qué ciertas piezas musicales activan el mismo circuito de recompensa que la comida o el sexo, la base de la euforia física que describe este artículo.
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Preguntas frecuentes
¿Por qué algunas canciones producen escalofríos o euforia física?
La música activa el sistema dopaminérgico. El pico de dopamina se produce en la anticipación antes del clímax musical. Es la misma vía que el placer físico.
¿Qué es el "chills" o frisson en respuesta al arte?
La respuesta autonómica (escalofríos, erizamiento de piel, aumento de frecuencia cardíaca) ante música o arte emocionalmente intensos. Ocurre en el 55-65% de la población.
¿Qué tiene de especial el cerebro de las personas muy sensibles a la música?
Mayor conectividad entre la corteza auditiva y el nucleus accumbens (centro del placer). Los "muy sensibles" procesan el sonido con más recursos emocionales.
¿Por qué el arte puede emocionarnos hasta las lágrimas?
Activa la red de modo por defecto (DMN), asociada a memorias autobiográficas y empatía. El arte que "habla" fuerza al cerebro a referenciarse a sí mismo.