La mayoría de las discusiones que tendrás con tu pareja no se van a resolver nunca. Ni con paciencia, ni con terapia, ni con los años. John Gottman lleva desde los años setenta grabando a parejas mientras discuten, y una de las cifras que más repite es de las que peor sientan al oírlas: alrededor de dos de cada tres conflictos de una pareja estable son perpetuos. No tienen arreglo. Y las parejas que duran no son las que los solucionan, son las que aprenden a convivir con ellos sin hacerse daño.
Setenta y nueve matrimonios y una cámara
El estudio que ancla esta idea es de 1992, firmado por Gottman y Robert Levenson. Reclutaron por anuncios en el periódico a setenta y nueve matrimonios de Bloomington, Indiana, y los llevaron al laboratorio. Allí cada pareja hablaba quince minutos sobre un desacuerdo que arrastraban de verdad, mientras unos electrodos les medían el ritmo cardiaco, el sudor y el flujo sanguíneo en los dedos. Cuatro años después, los investigadores volvieron a llamar a las puertas. Setenta y tres de las setenta y nueve parejas siguieron en el estudio.
Con esos datos dibujaron lo que llamaron un modelo en cascada: la insatisfacción lleva a plantearse una separación, plantearse la separación lleva a plantearse el divorcio, y así hasta el final. Las parejas que ya estaban deslizándose por esa pendiente compartían un estilo concreto durante la conversación grabada. Más crítica, más actitud defensiva, más obstinación y más gente que se cerraba en banda y dejaba de responder. En las mujeres de esas parejas, además, la amplitud del pulso en el dedo era menor, una señal fisiológica de tensión. Lo que marcaba el rumbo no era la cantidad de peleas. Era la forma.
Problemas que se arreglan y problemas que solo se gestionan
En sus libros posteriores, sobre todo «¿Qué predice el divorcio?» (1994) y «Siete reglas de oro para vivir en pareja» (1999), Gottman separó los conflictos en dos familias. Los solucionables son de circunstancia: a quién le toca fregar, cómo se reparten las vacaciones, la logística de los niños. Se negocian y se cierran. Los perpetuos vienen de más abajo, de diferencias de carácter y de valores. Uno necesita orden y el otro improvisar. Uno quiere hablar del dinero cada semana y el otro no soporta el tema. Uno pide más cercanía de la que el otro puede dar.
La cifra que se hizo famosa es esta: en torno al 69% de los conflictos de una pareja pertenecen a ese segundo grupo y no van a desaparecer. Y aquí está el hallazgo que de verdad importa. Las parejas felices no tienen menos problemas perpetuos que las infelices, tienen más o menos los mismos. Lo que cambia es que hablan de ellos con humor, con cariño y sin dramatismo, en lugar de quedarse atascadas en el mismo punto muerto una y otra vez.
» Las parejas felices no tienen menos problemas de fondo. Tienen los mismos. Lo que cambia es cómo hablan de ellos.
Los cuatro jinetes
Del trabajo de Gottman salió una etiqueta que se ha quedado en el lenguaje de la terapia de pareja: los cuatro jinetes. Son cuatro maneras de comunicarse en una discusión que, cuando se vuelven costumbre, anuncian problemas. La crítica, que ataca el carácter de la otra persona en vez de un comportamiento concreto. La actitud defensiva, que devuelve cada reproche con un contraataque. El bloqueo, que consiste en apagarse y dejar de responder. Y el desprecio.
El desprecio es el más corrosivo de los cuatro. Es el sarcasmo, los ojos en blanco, el chiste que humilla, el tono de superioridad moral. Comunica algo que la otra persona registra casi como una amenaza: quien se supone que te quiere te considera inferior. Una pareja puede pasar por discusiones muy fuertes y salir entera si no hay desprecio. Una pareja tranquila por fuera pero con desprecio de fondo lo tiene peor.
» Una pareja aguanta discusiones muy fuertes si no hay desprecio. Una pareja tranquila con desprecio de fondo, no.
El 90% que conviene coger con pinzas
Seguro que has oído que Gottman predice el divorcio con más de un 90% de acierto. Esa cifra no sale del estudio de 1992, sino de trabajos posteriores, el más citado con solo sesenta parejas. Y ahí es donde la historia se complica.
En 2001, Richard Heyman y Amy Slep publicaron en el Journal of Marriage and Family un artículo con un título que ya lo dice todo: «Los peligros de predecir el divorcio sin validación cruzada». Su argumento es estadístico y difícil de rebatir. Si construyes una ecuación a medida de un grupo de parejas concreto, acertará casi siempre con ese mismo grupo, porque está hecha para encajar en sus casualidades. La prueba de fuego es aplicarla a parejas distintas. Cuando Heyman y Slep hicieron eso con datos de archivo, la capacidad de detectar a las parejas que iban a divorciarse se hundió, y cuando el modelo señalaba a una pareja como futura divorciada, acertaba mucho menos de lo anunciado.
Lo que aguanta bien de todo el trabajo de Gottman es la parte descriptiva. El desprecio desgasta. El estilo de la discusión dice más que su frecuencia. Los conflictos de carácter no se cierran, se administran. La bola de cristal con porcentaje exacto es lo que no hay que comprar.
«Comparadas con las parejas reguladas, las no reguladas mostraban más crítica, más actitud defensiva, más obstinación y más retirada de la interacción.»
Gottman & Levenson (1992)
En la próxima discusión que ya hayáis tenido veinte veces, pregúntate antes de entrar: ¿esto se puede resolver o es una diferencia de carácter que vamos a llevar siempre encima? Si es lo segundo, no vas a ganar, y proponértelo solo alarga la pelea. El objetivo pasa a ser un acuerdo de convivencia que los dos podáis sostener. Y la parte que sí está en tu mano hoy: pillarte a ti el sarcasmo y los ojos en blanco antes de soltarlos.
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El propio Gottman, autor de los "cuatro jinetes" que cita este artículo, explica por qué la mayoría de conflictos de pareja no se resuelven nunca y por qué eso no predice el fin de la relación.
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Preguntas frecuentes
¿Por qué las parejas discuten siempre por los mismos temas?
El 69% de los conflictos de pareja son "perpetuos": diferencias fundamentales de personalidad o valores que no se resuelven. La meta es gestionarlos, no eliminarlos.
¿Qué descubrió John Gottman sobre los conflictos de pareja?
Los conflictos solubles (31%) son situacionales; los perpetuos (69%) reflejan diferencias de carácter. Las parejas felices aprenden a dialogar sobre los perpetuos sin escalada.
¿Cuáles son los "cuatro jinetes" de Gottman que predicen el divorcio?
Crítica (atacar la personalidad), desprecio, actitud defensiva y piedra (desconexión emocional). El desprecio es el predictor más potente de ruptura.
¿Cómo gestionar un conflicto perpetuo de pareja?
Hablar sobre el conflicto en lugar de en el conflicto, entender las posiciones subyacentes (sueños, valores), y encontrar un diálogo provisional que conviva con la diferencia.