Hay una diferencia entre pensar "qué cuadro tan bonito" y sentir que un cuadro te está hablando a ti. La primera reacción es un juicio sobre el objeto. La segunda arrastra algo más, y en 2012 un grupo de la Universidad de Nueva York consiguió ver ese algo más en un escáner. Resultó ser una red que, en teoría, debería estar callada mientras miras una imagen.
Una red que se supone que mira hacia dentro
El cerebro tiene una red de modo por defecto, un conjunto de zonas que se activan cuando no estás centrado en nada externo: cuando divagas, recuerdas tu propia vida, piensas en lo que dirá otra persona. En cuanto te pones una tarea delante, mirar, contar, buscar, esa red se apaga y toman el mando las zonas orientadas al exterior. Llevar la atención afuera y tener la red de modo por defecto encendida a la vez es raro.
Edward Vessel, Gabrielle Starr y Nava Rubin querían saber qué pasaba en esa red durante una experiencia estética fuerte, del tipo que te deja clavado delante de una obra.
Dieciséis personas y 109 cuadros
Metieron a dieciséis participantes en la resonancia, once hombres, con una media de veintiocho años, y les enseñaron 109 obras de épocas y estilos muy distintos, desde retablos hasta pintura contemporánea. Después de cada una, el participante puntuaba del 1 al 4 cuánto le había movido, desde "nada" hasta "me ha afectado profundamente".
La clave del diseño es que no buscaban un consenso sobre qué obras son buenas. Les interesaba lo contrario, que la misma imagen fuera un 4 para una persona y un 1 para la de al lado. Con eso podían comparar el cerebro de alguien ante su propia obra demoledora y ante otra que le daba igual.
Dos zonas seguían la puntuación de forma ordenada, subiendo poco a poco del 1 al 4: las áreas sensoriales de la parte de atrás y de los lados de la cabeza, y el estriado, ligado a la recompensa. Nada sorprendente ahí. La red de modo por defecto se comportó distinto.
El salto que solo daban los cuadros de un 4
En vez de subir de forma gradual, la corteza prefrontal medial, una pieza central de esa red, estuvo por debajo de su nivel de reposo con los cuadros de 1, 2 y 3, como corresponde a una tarea de mirar hacia fuera. Solo con los de 4, y solo con los de 4, esa supresión desaparecía. La red se despertaba de golpe, no un poco más.
La lectura de los autores es que la obra que de verdad te mueve deja de procesarse como un objeto ahí fuera y pasa a tratarse como algo que va contigo. El sistema que usas para pensar en ti mismo se pone en marcha mientras miras una pintura. La pregunta "qué significa esto" se cuela en la otra pregunta, "qué significa esto para mí", y esa segunda es la que enciende la red.
Una obra fácil no llega ahí. El cerebro la clasifica y sigue.
Lo que este estudio no zanja
Son dieciséis personas mirando cuadros en una pantalla dentro de un tubo, sin la escala real, sin la sala, sin el resto de gente alrededor. La experiencia estética de museo es más ancha que eso.
La red de modo por defecto tampoco es "el centro del arte". Participa en divagar, en recordar, en pensar en los demás. Lo prudente es decir que las obras más conmovedoras reclutaron procesamiento autorreferencial, sin cargarle a esa red una función que no tiene.
Y una aclaración sobre el encuadre habitual de este hallazgo. La idea de que el arte ambiguo activa más el cerebro que el figurativo viene de otra línea de trabajo, la de la fluidez de procesamiento y el pequeño placer de resolver una imagen que al principio no se entiende. Este estudio no ordenó las obras por ambigüedad ni comparó abstracto contra figurativo. Varias de las piezas que los participantes puntuaron como un 4 eran plenamente figurativas. Lo que predice la reacción no es el estilo, es si la obra te toca una fibra propia.
El patrón principal sí ha aguantado. En 2019, el mismo grupo lo repitió con caras, paisajes y edificios, y la red de modo por defecto volvía a seguir el atractivo estético en todos los casos.
«Durante las experiencias estéticas más conmovedoras, la red de modo por defecto, que suele suprimirse ante la atención al exterior, aparece paradójicamente activa aunque el foco esté fuera del observador, en la obra.»
Vessel, Starr & Rubin (2012)
Dale tiempo a las obras que no se dejan resolver a la primera. Esa incomodidad de no saber qué estás mirando suele ser la señal de que tu propia historia se está metiendo en la interpretación. Ahora bien, no se puede forzar el 4: el estudio deja claro que la misma pieza que a ti te parte por la mitad a otra persona no le dice nada, y eso no lo arregla mirar más rato.
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El premio Nobel Eric Kandel conecta neurociencia y arte para explicar por qué la ambigüedad visual obliga al cerebro a trabajar más, y por qué ese esfuerzo se experimenta como algo placentero.
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Preguntas frecuentes
¿Por qué el arte abstracto provoca más respuesta emocional que el figurativo?
La ambigüedad mantiene activo el sistema de generación de hipótesis. El cerebro interpreta, y en ese proceso se pregunta qué significa para él.
¿Qué es la red de modo por defecto y qué tiene que ver con el arte?
La DMN se activa con el pensamiento autorreferencial. El arte ambiguo la activa intensamente; el arte figurativo comprensible de inmediato no la activa.
¿Qué estudió Edward Vessel sobre la respuesta al arte?
Usando fMRI, mostró que las obras "profundamente conmovedoras" activan la DMN, mientras las "meramente bellas" no lo hacen.
¿Por qué hay obras que a unos parecen geniales y a otros no dicen nada?
La activación de la DMN es altamente individual: depende de la historia, la personalidad y las memorias del espectador.