Un café caliente en la mano durante diez segundos y ya juzgas distinto a un desconocido. Eso decía un experimento de 2008 firmado por Lawrence Williams y John Bargh1, publicado en Science y repetido después en incontables charlas y libros de autoayuda. La historia es redonda. El problema llegó cuando otros equipos intentaron reproducirla con muchas más personas.
01La taza en el ascensor
El montaje parecía inofensivo. Un ayudante se cruzaba con el participante en el vestíbulo, cargado con carpetas y una taza de café, y le pedía que se la sujetara un momento mientras anotaba su nombre. A la mitad les daba un café caliente, a la otra mitad uno con hielo. Ya en el laboratorio, los cuarenta y un participantes leían un perfil de una persona inventada y la puntuaban en una lista de rasgos.
Quienes habían aguantado la taza caliente calificaron a esa persona como más generosa y afectuosa que quienes habían sostenido la fría. En los rasgos que no tienen que ver con la calidez, como la honestidad o el atractivo, no había diferencia. Un segundo experimento, con cincuenta y tres personas, cambió la evaluación por una elección: al terminar podían llevarse un premio para ellos o un vale para regalar a un amigo. Los que habían sujetado una compresa caliente elegían el regalo para otro con más frecuencia.
02Calor en las manos, calor en el trato
La explicación que propusieron viene de la cognición encarnada2. La idea es que el cerebro entiende lo abstracto apoyándose en lo físico, y que esas conexiones no son adorno del lenguaje sino cableado real. Decimos que alguien es "una persona cálida" porque los primeros conceptos sociales se aprenden de bebé a través del cuerpo: los brazos que sostienen, la temperatura de la piel de quien te cuida. Sobre esa experiencia física se montaría luego el concepto de calidez humana, y tocar algo caliente lo reactivaría de refilón.
De ahí la afirmación fuerte del artículo: el cuerpo no es un simple medio de transporte de la mente. Su estado en cada momento, la temperatura, la postura, la tensión, formaría parte de lo que la mente calcula, incluido el juicio que te haces de alguien nada más conocerlo.
Experimentar calidez física, sin que la persona lo advierta, aumenta la calidez interpersonal hacia los demás.
Williams & Bargh (2008)
03Y las réplicas grandes no lo encontraron
Los dos experimentos originales tenían muestras pequeñas, cuarenta y una y cincuenta y tres personas, y resultados que apenas cruzaban el umbral de significación3. Esa combinación, efecto grande con muestra diminuta y una p justita, es hoy una señal de alarma para cualquier lector entrenado.
En 2014, un equipo dirigido por Dermot Lynott repitió el primer experimento con un protocolo registrado de antemano4 y unas ochocientas sesenta personas, veinte veces la muestra original. No apareció ninguna diferencia entre el grupo del objeto caliente y el del frío. En 2019, Christopher Chabris y sus colegas lo intentaron dos veces más, otra vez con cientos de participantes cada una, bajo el título «Ninguna evidencia de que la calidez física promueva la calidez interpersonal». Tampoco encontraron nada.
El experimento del café quedó, además, en mal barrio. John Bargh es una de las figuras centrales del terremoto de replicación en psicología social: su estudio más famoso, el de las palabras sobre la vejez que hacían caminar más despacio a la gente, también se cayó al intentar reproducirlo. La cognición encarnada tiene apoyos sólidos en otros frentes. La versión de "una taza caliente te vuelve más amable", hoy por hoy, no se sostiene.
De este estudio no salgas con la idea de servir café caliente para caer mejor, porque eso es justo lo que no se ha podido reproducir. Lo que sí aguanta es la lección de método: cuando leas que un gesto mínimo tiene un efecto psicológico llamativo, mira el tamaño de la muestra y si alguien lo ha repetido. Un dato bonito con cuarenta personas detrás es una hipótesis, no un hecho.

Psicólogo por la Universidad de Sevilla y fundador de La Inferencia. Cursa el Doble Máster en Psicología General Sanitaria y Neuropsicología.
Ver sus artículosReferencias
- Williams y Bargh (2008), Science doi.org/10.1126/science.1162548
- Lynott, D., Corker, K. S., Wortman, J., Connell, L., Donnellan, M. B., Lucas, R. E. y O'Brien, K. (2014). Replication of «Experiencing physical warmth promotes interpersonal warmth» by Williams and Bargh (2008). Social Psychology, 45(3), 216-222. doi.org/10.1027/1864-9335/a000187
- Chabris, C. F., Heck, P. R., Mandart, J., Benjamin, D. J. y Simons, D. J. (2019). No Evidence That Experiencing Physical Warmth Promotes Interpersonal Warmth. Social Psychology, 50(2), 127-132. doi.org/10.1027/1864-9335/a000361