Robert Zajonc quería comprobar algo que hasta entonces solo era una intuición dispersa: que basta con ver algo varias veces, sin ningún premio ni castigo asociado, para empezar a valorarlo mejor. Para probarlo diseñó una serie de experimentos con estímulos que los participantes no habían visto nunca antes: palabras sin sentido, ideogramas chinos y fotografías de rostros desconocidos.
El experimento: exponer sin explicar, y medir el gusto
A los participantes se les mostraban estos estímulos un número distinto de veces (algunos ni una sola vez, otros hasta veinticinco veces) y después se les pedía que valoraran cuánto les gustaba cada uno, sin decirles en ningún momento qué significaban ni por qué se les mostraban. No había ninguna recompensa asociada a ningún estímulo: solo exposición repetida, sin refuerzo de ningún tipo.
El patrón se repitió en los tres tipos de estímulo: cuantas más veces habían visto un ideograma, una palabra sin sentido o un rostro, mejor lo valoraban, incluso cuando no podían explicar por qué les resultaba más agradable ni recordaban conscientemente haberlo visto antes. El efecto era más fuerte en las primeras repeticiones y se iba suavizando con cada exposición adicional, una curva que crecía rápido al principio y luego se aplanaba.
El mecanismo: la familiaridad como señal de seguridad
Zajonc propuso que este "efecto de mera exposición" no depende del procesamiento consciente ni racional del estímulo: opera incluso cuando la persona no reconoce haberlo visto antes, lo que sugiere un mecanismo más primitivo que el razonamiento deliberado. Su hipótesis fue que lo familiar se procesa, de entrada, como más seguro que lo desconocido, un atajo evolutivamente razonable en un entorno donde lo nuevo podía representar una amenaza real.
La revisión posterior de más de 200 estudios (metaanálisis de Bornstein, 1989) confirmó el patrón general con matices: el efecto es más fuerte cuando el estímulo se presenta muy brevemente, cuando la persona no es consciente de la repetición y en las primeras exposiciones. Es la explicación que hay detrás de por qué una canción, una obra o incluso una cara desconocida al principio "crece" con el tiempo sin que nada objetivo en el estímulo haya cambiado. Lo único que cambió fue cuántas veces la habías visto.
«La exposición repetida y no reforzada a un estímulo es suficiente para mejorar la actitud hacia él.»
Robert Zajonc
Si una obra, una canción o incluso una idea te generó rechazo la primera vez, dale una segunda y una tercera oportunidad antes de descartarla del todo: parte de ese rechazo inicial puede ser, simplemente, la novedad hablando, no un juicio estético definitivo. Y a la inversa: si algo te gusta mucho de inmediato, pregúntate cuánto de ese gusto viene de lo familiar que ya te resultaba.