En 1967, el mismo Stanley Milgram del experimento de la obediencia diseñó un estudio mucho menos citado pero igual de influyente. Envió cartas a personas elegidas al azar en Nebraska y Kansas, con instrucciones de hacerlas llegar a un desconocido concreto en Boston, pero solo podían enviarlas a alguien que conocieran personalmente por su nombre de pila, y esa persona debía repetir el proceso. El objetivo era medir cuántos intermediarios hacían falta para conectar a dos desconocidos completos a través de la red social real de conocidos.
Las cartas que sí llegaron necesitaron una media de seis pasos
De las 296 cartas enviadas, solo 64 llegaron a su destino final, un dato que en sí mismo revela algo importante: la mayoría de las cadenas se rompían por el camino, porque alguien decidía no participar. De las que sí completaron el recorrido, el número medio de intermediarios fue de 5,5 personas, redondeado en la cultura popular a los famosos "seis grados de separación".
El hallazgo no significaba que cualquier persona del planeta conociera directamente a alguien que conociera al destinatario: significaba que la red de conocidos de cada persona, combinada paso a paso con las redes de sus conocidos, cubre una distancia social sorprendentemente corta incluso entre desconocidos completos separados por miles de kilómetros.
Por qué unas pocas personas conectan a todas las demás
Investigaciones posteriores sobre redes sociales, mucho antes de que existiera internet, identificaron que estas cadenas cortas no dependen de que todo el mundo conozca a mucha gente, sino de la existencia de unos pocos individuos con redes de contactos inusualmente amplias y diversas, que actúan como puentes entre grupos sociales que de otro modo estarían completamente desconectados entre sí.
Esta estructura, pocos nodos muy conectados sosteniendo la cercanía de toda la red, resultó ser la misma que años después describirían las matemáticas de redes para explicar fenómenos tan distintos como la propagación de virus, la difusión de rumores o, ya en la era digital, la velocidad con la que un contenido se vuelve viral en una plataforma social.
Lo que cambia, y lo que no, en la era de las redes digitales
Estudios con datos reales de redes sociales digitales han encontrado distancias medias todavía más cortas que las de Milgram, en torno a 3,5-4 pasos, porque las plataformas digitales facilitan artificialmente la conexión entre nodos que antes dependían del azar geográfico o profesional para encontrarse.
La lección que sobrevive del experimento original no es solo la cifra en sí, que ha variado con el tiempo y el medio, sino la idea de fondo: nadie está tan aislado socialmente como cree, y la persona que parece completamente inalcanzable para ti probablemente está a un puñado de presentaciones de distancia, si sabes por dónde buscar el puente adecuado.
La próxima vez que sientas que llegar a alguien concreto (un contacto profesional, un experto, una oportunidad) está fuera de tu alcance, piensa en la red en cadena de Milgram: en vez de intentar llegar directamente, pregúntate quién de tu entorno inmediato podría estar un paso más cerca de esa persona que tú.
Si quieres profundizar en esto
Christakis y Fowler explican, partiendo del mismo hallazgo de Milgram sobre los seis grados de separación, cómo las redes sociales reales moldean desde el estado de ánimo hasta los hábitos de salud de personas con las que nunca has hablado directamente.
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