En 1975, C. Peter Herman y Deborah Mack1 invitaron a la Universidad de Toronto a un grupo de mujeres de peso normal para una supuesta prueba de sabor de helado. A unas les daban antes uno o dos batidos de chocolate; a otras, nada. Después dejaban a todas comer helado libremente. Lo esperable era que quien había tomado el batido comiera menos helado. Pasó lo contrario. Las que habían tomado batido comían más, no menos. Pero solo si estaban a dieta.
01El batido que soltaba el freno
Herman y Mack separaron a las participantes en restringidas y no restringidas con la Restraint Scale2, un cuestionario sobre cuánto controlas de forma deliberada lo que comes. Las no restringidas se comportaron como manda la fisiología: con un batido dentro, menos hambre y menos helado. Las restringidas hicieron lo inverso. Tras uno o dos batidos comían alrededor de un 66% más de helado que sin batido. Las no restringidas comían un 47% menos.
El seguimiento afinó el mecanismo. Polivy demostró en 1976 que las calorías reales no importaban: bastaba con decirle a una comedora restringida que el batido era calórico, lo fuera o no, para que la desinhibición apareciera igual. La regla que se rompía era mental, hoy ya me lo he saltado, y romperla apagaba el resto de la restricción. Herman y Polivy lo llamaron el efecto qué más da3.
02Un límite fisiológico y un límite inventado
El modelo de límites de Herman describe dos reguladores. El fisiológico va por hambre y saciedad, con el hipotálamo leyendo grelina, leptina y GLP-1. Es robusto y cuesta engañarlo mucho tiempo. El límite cognitivo que instala una dieta es un techo arbitrario sin correlato en el cuerpo, y un solo pensamiento lo tira abajo.
A eso se suma el rebote. Erskine reunió en 2008 a 134 personas y les pidió pasar cinco minutos suprimiendo o expresando en voz alta pensamientos sobre chocolate, y luego una prueba de sabor. Las que habían suprimido comieron bastante más chocolate. Prohibirte pensar en un alimento lo vuelve más ruidoso. La restricción lo pone en el centro. El deseo también se dispara en la dirección contraria: una sola compra puede encadenar el impulso de cambiarlo todo.
Una vez que la dieta se ha roto por un día, la persona a dieta come como si las restricciones ya no sirvieran de nada.
Herman y Polivy (1984)
03Qué mide de verdad la escala
La Restraint Scale arrastra un problema conocido: no separa bien a quien restringe de quien tiene un historial de subidas y bajadas de peso y de atracones. Stice y otros defienden que parte de lo que predice la desinhibición es que esas participantes ya se daban atracones, no que la dieta se los provocara.
Y que todas las dietas salgan por la culata no es lo que dice el estudio. La distinción útil es entre restricción rígida y flexible. La rígida, de todo o nada, va de la mano de la desinhibición y de un IMC más alto. El control flexible, donde una galleta no arruina el día, se asocia a mejores resultados a largo plazo. La paradoja muerde a la regla, no al objetivo.
Si tienes alimentos prohibidos del todo, mira si esa regla te funciona o solo los tiene dando vueltas en tu cabeza. El permiso condicional, puedo comer esto si de verdad lo quiero y prestándole atención, baja el peso mental del alimento y suele reducir la cantidad. La prohibición absoluta rara vez aguanta, y el día que cae, cae entera.

Psicólogo por la Universidad de Sevilla y fundador de La Inferencia. Cursa el Doble Máster en Psicología General Sanitaria y Neuropsicología.
Ver sus artículosReferencias
- Herman y Mack (1975), Journal of Personality doi.org/10.1111/j.1467-6494.1975.tb00727.x
- Polivy, J. (1976). Perception of calories and regulation of intake in restrained and unrestrained subjects. Addictive Behaviors, 1(3), 237-243. doi.org/10.1016/0306-4603(76)90016-2
- Erskine, J. A. K. (2008). Resistance can be futile: Investigating behavioural rebound. Appetite, 50(2-3), 415-421.