Cuentas las calorías del plato, vigilas con qué hambre llegas, eliges bien el menú. Y luego te sientas a cenar con seis amigos y repites sin pensarlo. John de Castro se pasó años anotando lo que comían cientos de personas en su vida normal, comida a comida, y encontró que el mejor indicador de cuánto acababa en el plato no era el hambre con la que empezaban. Era cuánta gente había sentada alrededor.
Cientos de diarios de comidas, siete días seguidos
De Castro pagó a 515 adultos para que llevaran un diario durante una semana. En él apuntaban todo lo que comían y bebían, la hora, cuánta hambre, ansiedad y alegría sentían antes de empezar, cuántas personas había presentes y qué relación tenían con ellas. Nada de laboratorio: comidas reales, en casa, en el trabajo, en restaurantes.
El patrón salió limpio. Las comidas en compañía eran más grandes y más largas que las comidas a solas, y daba igual que fuera el desayuno, el almuerzo o la cena. Con la pareja y la familia, además de más grandes, se comían más rápido. Con los amigos, más grandes y más lentas. Un detalle curioso: la presencia de hombres aumentaba lo que comían las mujeres, pero la presencia de mujeres no cambiaba lo que comían los hombres.
Una persona más, un tercio más de comida
Dos años antes, de Castro y Brewer habían puesto números a la escalada. Con 153 personas y más de 3.800 comidas ordenadas según cuánta gente había en la mesa, el aumento respecto a comer solo era del 33% con un acompañante, del 47% con dos, del 58% con tres, y seguía subiendo. Con siete o más comensales llegaba al 96%. La curva encajaba con una función de potencia, y en los grupos grandes las comidas superaban de media en más de un 75% a las que esas mismas personas hacían a solas.
Lo que ninguno de los participantes reportaba era haber comido de más. El exceso pasaba por debajo del radar.
La comida dura más y las normas se contagian
De Castro veía dos cosas ocurriendo a la vez. Una es de reloj: la conversación alarga el rato en la mesa, y más minutos sentado son más ocasiones de servirte, de picar, de aceptar lo que te pasan. Su propia lectura era esa, que la compañía estira la duración de la comida.
La otra es de imitación. Te acompasas a la mesa sin acordarlo con nadie. Si todos piden postre, el listón para pedirlo tú baja. Si alguien repite, repetir queda permitido. Y el efecto era mayor con la familia y los amigos que con conocidos o extraños, algo que de Castro atribuía a la relajación: en confianza bajas la guardia que tienes puesta sobre lo que comes.
Con desconocidos pasa lo contrario
Son datos de diario, no de laboratorio. La gente elige comer en grupo justo en las ocasiones que ya invitan a comer mucho: el restaurante, el cumpleaños, la comida del domingo. De Castro ajustó por la hora del día y por el hambre previa, pero un diario no puede sortear a quién te sientas a comer.
Y la compañía importa más que el número. Ruddock y su equipo juntaron en 2019 cuarenta y dos estudios: comer con amigos y familia sube la ingesta de forma fiable, comer con extraños o conocidos no la mueve, y a veces la baja. Delante de gente a la que queremos causar buena impresión comemos menos, no más. El 96% es una cifra para quienes ya te han visto en pijama.
«La presencia de otras personas aumenta la ingesta alargando el tiempo que se pasa en la mesa, y la familia y los amigos tienen un efecto aún mayor, probablemente al producir relajación y una desinhibición del control sobre lo que se come.»
de Castro (1994)
Si te preocupa cuánto comes, la palanca no es la fuerza de voluntad, es la mesa. En una comida larga con amigos, sírvete tu ración de una vez y no vuelvas a por más hasta que hayan pasado veinte minutos, que es lo que tarda la saciedad en llegar al cerebro. No lo vas a notar mientras ocurre. Cuando lleves media hora comiendo y ya no tengas hambre, el mecanismo sigue trabajando.
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Wansink documentó con diarios alimentarios reales por qué comer en compañía alarga la comida y activa contagio de normas sociales, haciendo que comas casi el doble sin decidirlo conscientemente.
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Preguntas frecuentes
¿Por qué comemos más cuando estamos con otras personas?
Por la facilitación social de la alimentación: la presencia de otros alarga la comida, reduce la inhibición y activa normas sociales de comer lo que comen los demás.
¿Cuánto más se come en grupo vs en solitario?
Los meta-análisis muestran que se come un 35-48% más en grupos de 3-4 personas. En grupos de 7 o más, el incremento puede superar el 90%.
¿Influye quién está presente en cuánto comemos?
Sí. Se come más con amigos que con desconocidos, más con familia que con amigos. La confianza reduce los frenos sociales del comer.
¿Cómo moderar el efecto social sobre la alimentación?
Decidir la cantidad antes de sentarse, pedir que retiren los snacks, usar platos más pequeños, y ser el último en empezar a comer.