En 2010, Daniel Kahneman y Angus Deaton publicaron un dato que se convirtió en verdad universal de sobremesa: a partir de 75.000 dólares al año, ganar más no te hace más feliz. Se ha citado en charlas TED, artículos de revista, cursos de finanzas personales y en cualquier conversación sobre si merece la pena perseguir un sueldo más alto. Once años después, un investigador con una aplicación de móvil demostró que el dato estaba incompleto. Y cuando el propio Kahneman decidió comprobarlo en persona, junto al mismo investigador que lo había contradicho, la respuesta resultó ser mejor noticia de lo que ambos esperaban: para casi todo el mundo, la felicidad sigue subiendo con el sueldo, sin techo.
El dato de los 75.000 dólares que lleva quince años citándose mal
Kahneman, premio Nobel de Economía, y Angus Deaton, de la Universidad de Princeton, analizaron más de 450.000 respuestas al Gallup-Healthways Well-Being Index, una encuesta diaria a 1.000 residentes de Estados Unidos. Preguntaban dos cosas distintas: cómo te sentiste ayer (estresado, triste, contento) y cómo calificarías tu vida en general, en una escala del cero al diez.
El resultado se partía en dos. La evaluación general de la vida seguía subiendo con el ingreso sin ningún límite visible, incluso en los tramos de renta más altos de la muestra. Pero el bienestar emocional del día a día (la parte que de verdad se siente en el cuerpo cada mañana) dejaba de mejorar a partir de aproximadamente 75.000 dólares anuales. Esa segunda cifra es la que se quedó en la cultura popular. La primera, la que no tenía techo, casi nadie la repite. Le pasó lo mismo a la regla de las 10.000 horas: una cifra pegadiza que su propio autor nunca defendió tal cual.
La app que preguntaba por tu felicidad en tiempo real, varias veces al día
En 2021, Matthew Killingsworth, investigador de la Wharton School (Universidad de Pensilvania), publicó en PNAS un estudio con un método distinto. En vez de preguntar por el día anterior, con todos los sesgos de memoria que eso arrastra, su aplicación Track Your Happiness interrumpía a la gente varias veces al día, en el momento, con una sola pregunta: ¿cómo te sientes ahora mismo? Recogió 1.725.994 respuestas de 33.391 adultos empleados en Estados Unidos.
No encontró ningún techo. Ni en 75.000 dólares, ni en 100.000, ni en los tramos de renta más altos de toda la muestra. Tanto el bienestar del momento como la evaluación general de la vida subían de forma prácticamente lineal con el ingreso, con una pendiente igual de pronunciada por encima de los 80.000 dólares que por debajo. Para la persona promedio, ganar el doble se traducía en un salto de felicidad parecido, ganase lo que ganase de partida.
Cuando dos científicos que se contradicen deciden resolverlo juntos, en vez de en Twitter
Kahneman llevaba toda su carrera defendiendo un formato poco habitual en ciencia: la colaboración adversarial, en la que dos investigadores que discrepan se sientan juntos, con un árbitro neutral, a analizar los mismos datos en vez de publicar réplicas cruzadas durante años. En 2023 aplicó su propia receta a su propio error. Junto a Killingsworth, y con Barbara Mellers (también de Wharton) como árbitro, reanalizaron los datos de ambos estudios.
La conclusión no le dio la razón completa a ninguno de los dos, y precisamente por eso es más interesante que cualquiera de las dos versiones originales. Para la mayoría de la gente, la felicidad sigue subiendo con el ingreso sin techo, tal y como había encontrado Killingsworth, incluso se acelera en el grupo más feliz de todos. Pero dentro de cada nivel de ingreso hay una minoría infeliz para la que la felicidad deja de subir alrededor de los 100.000 dólares anuales. "La excepción son las personas que económicamente están bien pero son infelices", explicó Killingsworth. "Si eres rico y estás angustiado, más dinero no va a ayudar".
La explicación más plausible es que ese grupo arrastra un tipo de sufrimiento que el dinero no puede tocar (un duelo, una enfermedad, una relación rota), mientras que para el resto la falta de dinero sigue siendo una fuente de malestar evitable, y cada tramo adicional sigue aliviando algo real.
«En los términos más simples, esto sugiere que, para la mayoría de la gente, un ingreso mayor está asociado con más felicidad.»
Matthew Killingsworth, Wharton School (Universidad de Pensilvania), Income and emotional well-being: A conflict resolved, PNAS, 2023
Si estás decidiendo si merece la pena perseguir un ascenso, pedir un aumento o cambiar a un trabajo mejor pagado, la evidencia ya no respalda la excusa de "a partir de cierto punto ya da igual". Para la inmensa mayoría de la gente no es así: cada tramo adicional de ingreso sigue sumando bienestar real, no solo estatus. La excepción, según el propio estudio, aparece cuando el malestar de fondo no es económico (duelo, salud, una relación rota); ahí el dinero seguirá sin resolver lo que de verdad duele. Antes de asumir que "ya tienes suficiente", identifica primero si lo que te falta es dinero o es otra cosa que el dinero no arregla.
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Gilbert, psicólogo de Harvard, explica por qué somos tan malos prediciendo qué nos hará felices (el dinero incluido), y cómo la ciencia de la felicidad lleva décadas corrigiendo intuiciones que dábamos por sentadas.
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