En 2008, Malcolm Gladwell publicó Fuera de serie y convirtió una cifra en ley universal: hacen falta 10.000 horas de práctica para llegar a ser un experto en cualquier cosa. La citan entrenadores, profesores, padres agobiados con los deberes de sus hijos y cualquier artículo sobre productividad de los últimos quince años. El problema es que Gladwell malinterpretó el estudio en el que se basaba (sus propios autores lo han dicho en público), y cuando alguien reunió 88 estudios distintos para comprobar cuánto pesa de verdad la práctica, el resultado fue mucho más modesto de lo que la frase promete.
Los violinistas de Berlín y el número que nadie comprobó
En 1993, Anders Ericsson, Ralf Krampe y Clemens Tesch-Römer estudiaron a violinistas de la Academia de Música de Berlín y encontraron que los del grupo de élite habían acumulado, de media, unas 10.000 horas de práctica hacia los veinte años. Era una media, no un mínimo ni una garantía. La mitad de esos violinistas de élite ni siquiera había llegado a esa cifra.
El propio Ericsson ha explicado después que el número 10.000 es prácticamente arbitrario, pegadizo, fácil de recordar, pero sin ningún corte real detrás. "No es solo cuestión de acumular horas", declaró tiempo después. "Si haces tu trabajo y simplemente repites cada vez más de lo mismo, no vas a mejorar". Gladwell pasó por alto justo esa distinción: Ericsson hablaba de práctica deliberada (ejercicios diseñados para forzarte justo por encima de tu nivel actual, con corrección inmediata), no de repetir la tarea sin más durante años. Es el mismo mecanismo por el que el tope de los 75.000 dólares al año se citó mal durante una década: la versión simple viaja mejor que el matiz.
88 estudios después, la práctica explica mucho menos de lo que promete la frase
En 2014, Brooke Macnamara, David Hambrick y Frederick Oswald publicaron en Psychological Science un metaanálisis con 88 estudios sobre práctica deliberada y rendimiento, repartidos en cinco terrenos: videojuegos, música, deporte, educación y profesiones. Calcularon qué parte de la diferencia entre una persona y otra se explicaba de verdad por las horas de práctica acumuladas.
Los resultados variaban mucho según el terreno, y ninguno se acercaba a la idea de que la práctica lo explica casi todo. En videojuegos, la práctica explicaba el 26% de la diferencia entre jugadores. En música, el 21%. En deporte, el 18%. En educación, apenas el 4%. En profesiones (el terreno donde más gente querría creer que echarle horas te hace mejor) menos del 1%.
Dicho de otro modo: incluso en el mejor de los casos, la práctica explica poco más de una cuarta parte de por qué unas personas rinden mejor que otras. El resto depende de variables que ninguna charla motivacional suele mencionar.
Entonces, ¿qué explica que unas personas mejoren más que otras?
Los propios autores del metaanálisis no dicen que practicar sea inútil. Dicen que se le ha atribuido un poder que los datos no respaldan. Y lo que sí funciona, dentro de ese margen del 18% al 26% en deporte, música y videojuegos, es la práctica deliberada de verdad: un objetivo ligeramente por encima de tu nivel actual, con una forma clara de saber en el momento si lo hiciste bien o mal. La repetición sin ese diseño no cuenta, por muchas horas que sume.
El resto de la diferencia entre personas incluye variables mucho menos motivacionales: la edad a la que empezaste, la genética, la calidad de los profesores o entrenadores a los que tuviste acceso, y el puro azar de haber empezado en el entorno adecuado en el momento adecuado. En profesiones, donde la práctica explica menos del 1%, la razón probable es que el propio puesto de trabajo cambia todo el tiempo. Las tareas de hoy no son las de dentro de cinco años, así que no hay una habilidad fija que tenga sentido acumular durante una década.
«La práctica deliberada es, sin duda, importante, pero no tan importante como han defendido quienes la proponen.»
Brooke Macnamara, David Hambrick y Frederick Oswald, Psychological Science, 2014
Si llevas tiempo dándole vueltas a por qué "practicar más" no te está haciendo mejorar en algo concreto, la respuesta puede no ser que necesites más horas, sino un tipo de práctica distinto. Antes de apuntarte a echarle otras cien horas a esa habilidad, pregúntate: cada vez que practico, ¿me exige algo ligeramente por encima de lo que ya domino, con una forma clara de comprobar al momento si lo hice bien? Si la respuesta es no, estás acumulando horas, no práctica deliberada, y la mejora que esperas no va a llegar por mucho tiempo que le dediques.
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El propio Ericsson, autor del estudio original de los violinistas de Berlín que Gladwell malinterpretó, explica con detalle qué es realmente la práctica deliberada y por qué no todas las horas de práctica valen lo mismo.
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