A unos alumnos elegidos al azar les dijeron que iban a despuntar ese curso, y despuntaron de verdad

A los profesores les dijeron que un 20 % de sus alumnos, elegido al azar, iba a despuntar. Al acabar el curso, ese grupo había subido más su CI.

Miguel Noguer Escudero21 de septiembre de 2026
4 min de lecturaSobre Rosenthal y Jacobson (1968)

En 1968, Robert Rosenthal y Lenore Jacobson1 administraron un test de inteligencia a todos los alumnos de una escuela primaria de California, pero no usaron los resultados reales para nada. En su lugar, entregaron a cada profesor una lista, elegida completamente al azar, con los nombres de un 20% de sus alumnos, presentados como estudiantes que el test había identificado con un potencial de mejora excepcional para ese curso. No había ninguna base real detrás de esa lista. Al final del año, ese 20% había mejorado su coeficiente intelectual medido significativamente más que el resto de sus compañeros.

01El único cambio real fue lo que los profesores creían saber

Los alumnos señalados como "de alto potencial" no eran distintos de sus compañeros en ningún aspecto medible al inicio del estudio: la asignación había sido puramente aleatoria. Lo único que cambió fue la expectativa que los profesores tenían sobre ellos, una expectativa fabricada por los propios investigadores. Ocho meses después, ese grupo mostraba ganancias de coeficiente intelectual notablemente superiores, especialmente marcadas en los cursos más bajos.

Rosenthal y Jacobson bautizaron el fenómeno como efecto Pigmalión2, en referencia al mito griego del escultor que se enamora de su propia creación y consigue darle vida. La expectativa del profesor, sin que este fuera consciente de estar haciendo nada distinto, había terminado moldeando el rendimiento real del alumno.

02Los profesores no mentían: cambiaban sin darse cuenta

Estudios de observación posteriores identificaron el mecanismo concreto: los profesores, sin proponérselo, dedicaban más tiempo de espera tras hacer una pregunta a los alumnos etiquetados como prometedores, les daban retroalimentación más detallada ante sus errores, y les sonreían y asentían con más frecuencia. Ninguno de esos gestos era deliberado, y ningún profesor admitió tratar a esos alumnos de forma distinta cuando se le preguntó directamente.

El alumno, por su parte, recibía esas señales sutiles de forma acumulada durante meses: más tiempo, más paciencia, más confianza depositada en su capacidad de acertar. Esa confianza recibida terminaba traduciéndose en una confianza propia y, con ella, en un rendimiento real medible en el test final.

El profesor espera más
Más tiempo, paciencia y sonrisas
El alumno gana confianza
Rinde más
Figura 1.Cómo una expectativa inventada acaba haciéndose verdad.

03El lado oscuro del mismo mecanismo, y por qué importa fuera del aula

El efecto funciona en ambas direcciones: estudios posteriores demostraron que etiquetar a un alumno, de forma real o accidental, como de bajo rendimiento produce el patrón inverso, con profesores que reducen sin darse cuenta el tiempo y la paciencia que le dedican, generando exactamente el rendimiento bajo que la etiqueta predecía.

El hallazgo trasciende el aula: se ha replicado en entornos laborales, donde managers que reciben información, real o fabricada, sobre el alto potencial de un empleado nuevo obtienen de ese empleado un desempeño superior. La expectativa que alguien tiene sobre ti, comunicada sin palabras a través de decenas de micro-gestos diarios, participa activamente en construir el resultado que en teoría solo estaba prediciendo.

Para llevarte

Si tienes influencia sobre el desarrollo de alguien, como manager, profesor o padre, presta atención a qué expectativa cargas sobre esa persona antes de que haga nada para merecerla, y sobre todo a los micro-gestos que esa expectativa dispara sin que te des cuenta: cuánto tiempo le das para responder, cuánta paciencia le dedicas ante un error. El experimento de Rosenthal y Jacobson sugiere que esa expectativa inicial puede convertirse en parte de la causa de lo que esa persona termine consiguiendo.

Escrito porMiguel Noguer Escudero

Psicólogo por la Universidad de Sevilla y fundador de La Inferencia. Cursa el Doble Máster en Psicología General Sanitaria y Neuropsicología.

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Referencias

  1. Rosenthal, R. y Jacobson, L. (1968). Pygmalion in the classroom. The Urban Review, 3(1), 16-20. doi.org/10.1007/BF02322211
  2. Jussim, L. y Harber, K. D. (2005). Teacher Expectations and Self-Fulfilling Prophecies: Knowns and Unknowns, Resolved and Unresolved Controversies. Personality and Social Psychology Review, 9(2), 131-155. doi.org/10.1207/s15327957pspr0902_3
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Mindset: la actitud del éxito

Carol S. Dweck

Dweck conecta el mismo mecanismo del efecto Pigmalión con la mentalidad de crecimiento: cómo una expectativa, ajena o propia, sobre el potencial de alguien puede convertirse en parte de lo que hace posible ese potencial.

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