Durante décadas se dio por hecho que la polarización se cura con información. Ciudadanos mejor informados, decisiones más frías, más apertura a la evidencia. En 2006, Charles Taber y Milton Lodge1 pusieron esa idea en el laboratorio y encontraron lo contrario. Cuanto más sabía de política un participante, más eficaz era su cabeza rechazando lo que amenazaba sus creencias. El conocimiento no apagaba el sesgo. Lo armaba.
01Dos temas calientes y un cronómetro
En dos experimentos con estudiantes de la Universidad de Stony Brook, Taber y Lodge trabajaron con dos asuntos de fuerte carga ideológica en Estados Unidos: la discriminación positiva y el control de armas. Cada participante declaraba primero su postura, luego leía una tanda de argumentos reales a favor y en contra, y puntuaba la solidez de cada uno. Mientras tanto, el ordenador registraba cuánto tiempo pasaba en cada argumento.
Aparecieron dos sesgos limpios. El primero, el efecto de actitud previa2: con solo nombrar el tema, antes de leer nada, se disparaba una reacción afectiva que teñía todo lo que venía después. Los argumentos afines se puntuaban como más sólidos, los contrarios como más flojos. El segundo, más llamativo: el sesgo de desconfirmación3. Los participantes dedicaban bastante más tiempo a los argumentos que les contradecían, y no para asimilarlos, sino para desmontarlos. Cuanto más sabía de política el participante, mejor encontraba los fallos.
El resultado neto es el que no se esperaba. Tras leer una tanda equilibrada de argumentos a favor y en contra, las actitudes no se acercaban al centro: se volvían más extremas. Y el desplazamiento era mayor justo en quienes llegaban con las convicciones más firmes y más bagaje político.
02El ciudadano informado, de juez a abogado
Taber y Lodge separan dos piezas del razonamiento motivado. Una es el sesgo de confirmación4: buscar activamente lo que da la razón a lo que ya se piensa. La otra es el de desconfirmación: cuando llega información contraria, se la somete a un examen más duro, se rastrean incoherencias, se pone en duda la fuente, se generan contraargumentos casi sin querer. Quien más sabe de política tiene un arsenal más grande de contraargumentos, así que es más hábil descartando lo que le incomoda.
| Sesgo | Qué haces | Quién lo hace más |
|---|---|---|
| Actitud previa | Valoras los argumentos según el tema te caiga bien o mal | Quien tiene convicciones firmes |
| Confirmación | Buscas lo que te da la razón | Todos |
| Desconfirmación | Dedicas más tiempo a desmontar lo contrario | Quien más sabe de política |
De ahí la paradoja del ciudadano informado. Poner más información encima de la mesa no produce por sí solo ciudadanos más templados ni debates más útiles, porque la manera de buscar y filtrar esa información ya viene contaminada de origen. Lo que los autores sugieren no es leer más, sino algo más raro de enseñar: notar cuándo estás actuando como juez, buscando qué es verdad, y cuándo como abogado, buscando munición para una causa que ya elegiste.
Los sesgos de confirmación y desconfirmación conducen a la polarización de actitudes, sobre todo entre quienes tienen las convicciones más firmes y mayor sofisticación política.
Taber & Lodge (2006)
03Cuánto de esto ha aguantado
El estudio son dos temas, un país y una tarea de laboratorio con universitarios. Generalizar tiene límites. Y la afirmación más fuerte del artículo, que exponerse a argumentos contrarios puede empujar la actitud hacia el extremo, ha envejecido regular.
En 2019, Thomas Wood y Ethan Porter publicaron cinco experimentos con más de diez mil participantes, corrigiendo bulos políticos de todo tipo. No encontraron el famoso "efecto tiro por la culata": la gente, en su mayoría, ajustaba su creencia hacia el dato, incluso cuando el dato le incomodaba. El hallazgo original que popularizó la idea de que corregir refuerza el error no se sostuvo a gran escala.
Lo que sí replica bien es la parte central de Taber y Lodge: el efecto de actitud previa y el examen asimétrico, mirar con lupa lo contrario y de refilón lo afín. La pieza en duda es si esa asimetría te vuelve más extremo de forma habitual o si solo frena lo rápido que cambias de opinión.
Antes de tumbar un argumento político que no te gusta, prueba esto: ¿buscarías los mismos fallos si defendiera tu postura? Si la respuesta es no, estás usando dos varas de medir, y la distancia entre ambas es el tamaño de tu sesgo en ese tema. La táctica útil no es leer más, es obligarte a formular la versión más fuerte posible del argumento contrario antes de responder. Cuesta y no apetece, por eso casi nadie lo hace.

Psicólogo por la Universidad de Sevilla y fundador de La Inferencia. Cursa el Doble Máster en Psicología General Sanitaria y Neuropsicología.
Ver sus artículosReferencias
- Taber y Lodge (2006), American Journal of Political Science doi.org/10.1111/j.1540-5907.2006.00214.x
- Wood, T. y Porter, E. (2019). The Elusive Backfire Effect: Mass Attitudes' Steadfast Factual Adherence. Political Behavior, 41(1), 135-163. doi.org/10.1007/s11109-018-9443-y