Entra en el cuarto de alguien a quien no conoces. Sin preguntarle nada, solo mirando las estanterías, cómo tiene ordenado el espacio y qué ha elegido dejar a la vista, puedes acertar si vota a la izquierda o a la derecha por encima de lo que daría el azar. Es lo que midieron Dana Carney, John Jost, Samuel Gosling y Jeff Potter en 2008, y de ahí sale una idea que el estudio deja bastante clara: buena parte de la política no empieza en los argumentos, empieza en el carácter.
Qué había en 76 dormitorios
El artículo reúne seis muestras, casi todas estadounidenses: estudiantes de la Universidad de Texas y una gran muestra por internet del proyecto de Gosling y Potter. La personalidad se midió con varios cuestionarios del modelo de los Cinco Grandes, desde el NEO-PI-R largo hasta versiones más breves. La orientación política, con escalas estándar de autoubicación.
La parte más citada es un estudio con 76 dormitorios y 68 despachos. Evaluadores que no sabían nada de la política de cada persona recorrían el espacio con una plantilla y anotaban qué había: variedad de libros, música, mapas, entradas de cine, material de arte, calendarios de eventos, artículos de limpieza, plancha, decoración deportiva, banderas. Los espacios de la gente más de izquierdas tenían más libros y más variados, más objetos ligados a viajes y otras culturas, más material artístico y un desorden más funcional. Los de la gente más de derechas estaban más ordenados y limpios, con más calendarios, plancha, símbolos deportivos y elementos identitarios.
Esas diferencias en las cosas encajaban con las diferencias de personalidad. En el conjunto de las seis muestras, la apertura a la experiencia se asociaba a la orientación de izquierdas con una correlación en torno a 0,25. La escrupulosidad se asociaba a la de derechas de forma más débil, alrededor de 0,07, y no siempre significativa. El vínculo era más fuerte en los temas sociales y culturales que en los económicos.
La ideología como algo que encaja con el carácter
Jost lleva dos décadas defendiendo una idea que llama cognición social motivada: adoptamos posiciones políticas que resuelven necesidades psicológicas. La apertura a la experiencia, que es comodidad con lo ambiguo, lo nuevo y lo complejo, empuja a mirar con mejores ojos el cambio social, la diversidad y las políticas que amplían lo posible. La escrupulosidad y la preferencia por el orden empujan hacia instituciones estables, normas claras y lo conocido. En ese marco, la ideología no es solo una lista de posturas sobre asuntos concretos, es algo coherente con cómo está montada la persona.
Esto no dice que una orientación sea mejor que otra ni que el voto esté escrito en los genes. Apertura y escrupulosidad son rasgos útiles en contextos distintos. Lo que sí sugiere es que convencer a alguien solo con argumentos tiene un techo: el argumento se mueve en la superficie de creencias que tienen raíz en el carácter. La persuasión que funciona no ataca la postura, mueve el valor que hay debajo. En la misma línea, la intuición emocional suele fijar el juicio antes que el razonamiento, que llega después a justificarlo.
Hasta dónde llega el dato
El efecto es real y se ha repetido en muchas muestras y en varios países, pero es modesto. Una correlación de 0,25 explica una parte pequeña de la varianza. Sirve para acertar por encima del azar mirando una habitación, no para adivinar el voto de una persona concreta. El título de este artículo exagera un punto: la personalidad no aplasta a los argumentos, los precede.
La dirección de la causa tampoco está cerrada. Los estudios con gemelos apuntan a factores heredados compartidos que empujan a la vez rasgo e ideología. Los seguimientos a lo largo de años sugieren que la personalidad es bastante estable y suele ir por delante de las actitudes políticas, con algún efecto de vuelta: el ambiente político y ciertas experiencias también moldean un poco el rasgo.
Y el modelo de Jost, el que liga el conservadurismo a la sensibilidad ante la amenaza y la incertidumbre, ha recibido críticas serias. Fuera de Estados Unidos y en el terreno del conservadurismo económico, las asociaciones aparecen más flojas y más dependientes del contexto de lo que daba a entender la primera oleada de estudios.
«Dos rasgos, la apertura a la experiencia y la escrupulosidad, resumen buena parte de las diferencias individuales asociadas a la orientación política.»
Carney, Jost, Gosling & Potter (2008)
Para entender por qué alguien piensa como piensa en política, incluido tú, prueba a mirar antes qué necesidad cubre esa postura: ¿orden y cosas predecibles, o novedad y cambio? Esa pregunta llega más lejos que rebatir los argumentos uno a uno. Y como el rasgo es una tendencia, no una condena, tampoco explica a la persona entera: hay gente muy ordenada de izquierdas y gente muy abierta de derechas, solo que menos.
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La teoría de las fundaciones morales de Haidt es la explicación más citada de por qué rasgos de personalidad estables predicen la ideología mejor que cualquier argumento coyuntural.
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Preguntas frecuentes
¿La personalidad predice la ideología política?
Sí. Alta apertura a la experiencia se asocia con liberalismo. Alta escrupulosidad y baja apertura se asocian con conservadurismo (meta-análisis de Jost, 2003, 12 países).
¿Qué rasgos de personalidad se asocian con votar a la izquierda o derecha?
Izquierda: mayor apertura, mayor amabilidad. Derecha: mayor escrupulosidad, menor apertura. Correlaciones moderadas, no deterministas.
¿Tiene base biológica la ideología política?
Parcial. Estudios de genética del comportamiento muestran 40-60% de heredabilidad en actitudes políticas.
¿Por qué los argumentos raramente cambian la ideología política?
La ideología está arraigada en necesidades psicológicas profundas (certeza, seguridad, jerarquía) que no se satisfacen con argumentos. Cambiarlas requiere experiencias vitales.