Imagina que lees lo siguiente: una familia cuyo perro muere atropellado decide cocinarlo y comérselo, ya que han oído que la carne de perro es deliciosa y ningún vecino va a saberlo. No han hecho daño a nadie. El perro ya estaba muerto. ¿Es esto moralmente incorrecto? La mayoría de las personas dice que sí con una convicción inmediata. Pero cuando se les pregunta por qué, se quedan sin argumentos. Han llegado a un estado que Jonathan Haidt llama "perplejidad moral": sienten con certeza que algo está mal pero no pueden justificarlo racionalmente. Este ejemplo, y miles como él, llevaron a Haidt a reformular por completo cómo entendemos la moral humana.
El error de Kohlberg: la moral no es razonamiento, es intuición
Durante décadas, la psicología moral dominante asumía que los juicios morales son el resultado de un proceso de razonamiento deliberado. Lawrence Kohlberg propuso que la madurez moral consistía en alcanzar niveles más altos de razonamiento lógico sobre principios universales. Haidt demostró que esto es, en gran medida, una ficción retrospectiva.
En sus experimentos con dilemas morales, Haidt y sus colegas encontraron que los participantes generaban juicios morales en fracciones de segundo (mucho antes de que pudiera producirse ningún razonamiento consciente) y que sus "razones" eran construidas después del juicio, no antes. Cuando una razón era refutada, la gente no cambiaba su juicio: buscaba otra razón. Y cuando se quedaban sin razones, reconocían estar "perplejos moralmente" pero mantenían su posición. Haidt llamó a esto "el perro emocional y su cola racional": la intuición es el perro, el razonamiento es la cola que el perro mueve, no al revés.
Las fundaciones morales: cinco sistemas innatos, no uno universal
Haidt y su equipo propusieron que la moral humana no descansa sobre un único principio (el daño, como sostiene la ética utilitaria, o la justicia, como la kantiana), sino sobre al menos seis fundaciones innatas que evolucionaron para resolver problemas adaptativos distintos. La de cuidado/daño responde a la vulnerabilidad de las crías. La de imparcialidad/engaño gestiona la cooperación recíproca. La de lealtad/traición regula la cohesión grupal. La de autoridad/subversión jerarquiza las relaciones sociales. La de santidad/degradación protege de patógenos y contaminantes. La sexta, añadida después, es la de libertad/opresión.
La contribución política más controvertida de Haidt es que conservadores y progresistas no difieren en su racionalidad sino en qué fundaciones morales priorizan. Los progresistas basan su moral casi exclusivamente en cuidado e imparcialidad. Los conservadores equilibran las seis fundaciones. Esto explica por qué los debates morales entre grupos políticos son tan frustrantes: cada parte asume que la otra está siendo irracional, cuando en realidad está operando desde un conjunto diferente de intuiciones morales igualmente legítimas desde el punto de vista evolutivo.
«La razón moral es más parecida a un abogado defensor que a un juez: su trabajo no es encontrar la verdad sino construir el mejor caso posible para la conclusión a la que ya ha llegado su cliente.»
Jonathan Haidt, The Righteous Mind, 2012
La próxima vez que sientas indignación moral ante una conducta ajena, añade un paso antes de articular tu argumento: identifica qué fundación moral ha activado esa reacción (¿daño, injusticia, traición, degradación?). Descubrirás que tu razonamiento lo construiste después. Ese reconocimiento no invalida tu posición, pero la vuelve más honesta y mucho más persuasiva para quien opera desde otras fundaciones.
Si quieres profundizar en esto
Haidt desarrolla aquí completas las seis fundaciones morales y explica por qué conservadores y progresistas no discrepan por racionalidad sino por qué intuiciones priorizan, la teoría entera detrás de "el perro emocional y su cola racional".
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