El experimento de los perros que dejaron de intentar escapar, y lo que explica sobre la depresión humana

Los perros que no podían controlar las descargas dejaron de intentar escapar, incluso cuando bastaba un salto. El dolor no era lo que los paralizaba.

Miguel Noguer Escudero14 de septiembre de 2026
4 min de lecturaSobre Seligman y Maier (1967)

En 1967, Martin Seligman y Steven Maier1 sometieron a un grupo de perros a pequeñas descargas eléctricas de las que no podían escapar, sin importar lo que hicieran. Al día siguiente, colocaron a esos mismos perros en una caja distinta, dividida por una barrera baja que podían saltar fácilmente para huir de una nueva descarga. La mayoría ni lo intentó. Se tumbaron y esperaron a que pasara, aunque escapar era ahora tan sencillo como dar un salto. Un grupo de control, que nunca había sufrido descargas inescapables el día anterior, aprendió a saltar la barrera casi de inmediato.

01No era el dolor lo que los paralizaba, era lo que habían aprendido sobre el dolor

Seligman y Maier diseñaron un tercer grupo, clave para entender el hallazgo: perros que también recibían descargas el primer día, pero con un botón que sí les permitía detenerlas. Este grupo, pese a sufrir el mismo dolor físico que el grupo sin control, se comportó como el grupo de control al día siguiente: saltó la barrera sin problema. El dolor no era la variable que predecía la parálisis posterior. Lo era la falta de control sobre ese dolor.

GrupoDía 1Día 2, con la barrera
Sin controlDescargas inevitablesLa mayoría no intenta escapar
Con controlLas mismas descargas, con un botón que las paraSalta la barrera sin problema
Sin descargasNadaAprende a saltar enseguida
Tabla 1.El diseño de tres grupos que separó el dolor de la falta de control.

Los investigadores llamaron a esto indefensión aprendida2: cuando un organismo aprende, a través de experiencia repetida, que sus acciones no cambian el resultado, deja de intentar cambiar el resultado incluso cuando la situación cambia y la acción sí serviría. No es pereza ni falta de voluntad: es una conclusión aprendida, generalizada de forma errónea a un contexto nuevo donde ya no aplica.

02De los perros de laboratorio a la teoría de la depresión humana

Seligman trasladó el hallazgo a la psicología clínica humana con un giro que cambió el campo: propuso que buena parte de lo que llamamos depresión no es tristeza sin más, sino la misma indefensión aprendida en humanos. Personas que han experimentado repetidamente que sus esfuerzos no cambian su situación generalizan esa conclusión a situaciones nuevas donde sí podrían actuar, y dejan de intentarlo.

Estudios posteriores en humanos confirmaron el patrón con tareas de resolución de problemas resolubles tras exponer a los participantes a problemas insolubles: quienes habían fracasado repetidamente en tareas sin solución posible rendían peor después en tareas que sí tenían solución, comparados con quienes no habían pasado por esa fase previa de fracaso inevitable.

03El giro que el propio Seligman dio después: el optimismo también se aprende

Décadas después de este hallazgo, Seligman dedicó buena parte de su carrera posterior a estudiar el proceso inverso: cómo se revierte la indefensión aprendida, y cómo se entrena deliberadamente lo que él llamó optimismo aprendido. El hallazgo clave es que la diferencia entre quienes caen en la indefensión y quienes no está en el estilo explicativo3: cómo se explica uno a sí mismo por qué algo salió mal, si lo interpreta como permanente o pasajero, como algo que afecta a todo o solo a esto concreto.

Cambiar deliberadamente ese estilo explicativo, de "esto siempre me pasa, en todo, por mi culpa" a "esto ha pasado ahora, en esto en concreto, por estas circunstancias", es, según la propia investigación de Seligman, entrenable con ejercicios estructurados, y es la base de buena parte de la terapia cognitivo-conductual usada hoy contra la depresión.

Para llevarte

La próxima vez que fracases en algo, presta atención a las palabras exactas que usas para explicártelo. Si te sorprendes diciendo "siempre me pasa esto" o "nunca va a cambiar", estás usando el estilo explicativo que Seligman relacionó con la indefensión aprendida. Cambiar la frase a algo más específico y temporal no es autoengaño: es la primera herramienta, según su propia investigación, para revertir el patrón.

Escrito porMiguel Noguer Escudero

Psicólogo por la Universidad de Sevilla y fundador de La Inferencia. Cursa el Doble Máster en Psicología General Sanitaria y Neuropsicología.

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Referencias

  1. Seligman, M. E. P. y Maier, S. F. (1967). Failure to escape traumatic shock. Journal of Experimental Psychology, 74(1), 1-9. doi.org/10.1037/h0024514
  2. Maier, S. F. y Seligman, M. E. P. (2016). Learned helplessness at fifty: Insights from neuroscience. Psychological Review, 123(4), 349-367. doi.org/10.1037/rev0000033
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Aprenda optimismo

Martin Seligman

El propio Seligman, autor del experimento con los perros, explica cómo revertir la indefensión aprendida cambiando el estilo explicativo con el que cada persona interpreta sus fracasos, con ejercicios derivados de su propia investigación clínica.

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