El miedo deja al corazón acelerado un rato después de que haya pasado el peligro. La pregunta de Barbara Fredrickson y Robert Levenson en 1998 era sobre el cuerpo, no sobre el ánimo: si a ese susto le sigues de inmediato una emoción positiva breve, ¿vuelve el pulso a su sitio antes que si dejas pasar el tiempo sin más?
Un susto real y cuatro finales repartidos al azar
Sesenta estudiantes, todas mujeres, de una asignatura de introducción a la psicología en la Universidad de California en Berkeley, vieron primero el mismo clip: "Ledge", un hombre que avanza pegado a la fachada de un rascacielos, resbala y queda colgando sobre el tráfico. Dura 83 segundos y va con sonido. Elevó de forma medible el ritmo cardíaco y la vasoconstricción de todas, con informes de miedo muy por encima de cualquier otra emoción.
Inmediatamente después, cada participante veía al azar uno de cuatro clips de 100 segundos, ya sin sonido: "Waves", olas rompiendo en la orilla, que da contento; "Puppy", un cachorro jugando, que da diversión; "Sticks", una animación abstracta sin carga emocional; o "Cry", el niño de la película The Champ llorando junto a su padre muerto, que da tristeza. Fredrickson y Levenson cronometraron cuántos segundos tardaba cada una en volver, y quedarse, dentro de su franja cardiovascular previa al susto, en cuatro medidas a la vez.
El efecto deshacer
La recuperación media fue de 33,6 segundos. Quienes vieron las olas o el cachorro volvieron a su línea de base antes que quienes vieron la animación neutra, y bastante antes que quienes vieron al niño llorando. El contraste global era claro (F de 8,37 con p por debajo de 0,001) y las comparaciones una a una lo sostenían: contento frente a neutro, diversión frente a neutro, y las dos frente a tristeza.
Fredrickson lo llamó "efecto deshacer". Ciertas emociones positivas no solo se sienten bien, actúan como un contrapeso fisiológico para la activación que acaba de dejar una emoción negativa. La distracción no lo explica: el clip neutro también distraía y su recuperación fue más lenta, y cuando midieron el interés que despertaba cada clip no había diferencias entre grupos. Lo que aceleraba el regreso a la calma era la cualidad positiva concreta, no el simple hecho de que la amenaza ya no estuviera en pantalla.
Qué dice y qué no dice el hallazgo
El segundo estudio del mismo artículo probó el efecto sin manipular nada. Setenta y dos adultos del área de San Francisco vieron un clip triste, un funeral de la película Steel Magnolias, y los investigadores anotaron quién sonreía de forma espontánea. Los que sonreían recuperaron el pulso antes que los que no. El susto de laboratorio no hacía falta para ver el patrón, bastaba una sonrisa genuina en mitad de la pena.
Los propios autores acotaron el alcance. El efecto deshacer describe una función psicofisiológica concreta de algunas emociones positivas, no todas, y solo cuando siguen de cerca a una emoción negativa. No dice que estar de buen humor proteja el corazón en abstracto, ni que sonreír a la fuerza sirva de algo.
Lo que las réplicas han hecho con esto
Las muestras originales eran pequeñas, 60 mujeres y 72 adultos, un único montaje de laboratorio con clips de cine. Un estudio posterior del propio equipo quitó el susto inicial: al ver solo uno de los cuatro clips, sin miedo previo, únicamente el triste elevaba la activación y entre el positivo y el neutro no aparecía diferencia. El efecto parece depender de haber pasado antes por el estrés, no de las emociones positivas por sí solas.
En 2023, Behnke y su equipo reunieron dieciséis estudios sobre el tema, más de mil doscientas personas. En la mayoría de las medidas fisiológicas por separado, las emociones positivas no aceleraban la recuperación frente a una condición neutra; el efecto solo reaparecía al combinar varias medidas cardiovasculares en un índice único. Una revisión crítica de 2018 fue más seca: no hay pruebas suficientes para afirmar que sentir algo positivo acelere la recuperación fisiológica.
Conviene además situar la marca. La cifra más citada del programa de Fredrickson, el "ratio de positividad" de 2,9013 que supuestamente separaba a quien florece de quien se marchita, la firmó con Marcial Losada en 2005. Brown, Sokal y Friedman la desmontaron en 2013 en American Psychologist: las ecuaciones de dinámica de fluidos que usaban no venían a cuento y no se cumplían las condiciones para aplicarlas. Fredrickson retiró esa parte del modelo. No toca al experimento de 1998, pero explica por qué a la línea de trabajo se la mira con lupa.
«Ciertas emociones positivas pueden servir para deshacer los efectos cardiovasculares persistentes de las emociones negativas.»
Fredrickson y Levenson (1998)
Si sales de algo que te ha disparado el pulso, una discusión, un frenazo, una mala noticia, buscar algo que te divierta o te apacigüe de verdad puede ayudar a que el cuerpo baje antes que si te quedas dándole vueltas o te distraes con cualquier cosa. El clip que marcó la diferencia duraba menos de dos minutos. Aun así, el efecto es pequeño y no siempre aparece cuando se intenta reproducir, así que cuenta con ello como un empujón, no como un botón de apagado.